Cristóbal Sprätz y su gran misión de cambiar el miedo por el respeto a los insectos

por Abr 24, 2024Destacados, Eventos, Medioambiente, Portada

Del gusto por los bichos a la pasión convertida en taller. Mientras otros niños abandonaban la búsqueda, él se aferró a los más raros. Hoy, ingeniero comercial y profesor jefe en un colegio vulnerable, su amor por los insectos brilla en sus famosos talleres que lo han llevado a enseñar en varios rincones de Chile.

Verano del 2004: es una soleada tarde en la playa de Viña del Mar y un joven Cristóbal Sprätz apenas capaz de caminar, ya mostraba señales de su peculiar destino. Mientras su mamá intentaba pasarle su helado favorito, Cristóbal rechazaba la oferta con determinación. Sus manos estaban cerradas, aferradas a un puñado de diminutos tesoros: un montón de chanchitos de tierra que había recolectado con una fascinación que hizo que su mamá lo recordara hasta el día de hoy.

Mientras algunos niños dejaron de lado su curiosidad infantil por los bichos a medida que crecían, Cristóbal siguió su rastro. Hoy en día, a sus 26 años, es un verdadero apasionado explorador del diminuto mundo de los insectos, compartiendo su amor y conocimiento a través de talleres educativos y su cuenta de Instagram.

«»Mi amor por los bichos comenzó antes de que aprendiera a caminar. Siempre salí a buscarlos. Uno cuando chico está acostumbrado a que todo sea grande y los bichos son lo único que es más pequeño que uno, es una fascinación», comenta.

Fotos de Cristóbal Spratz

El gusto por enseñar

Hace dos años, Cristóbal se tituló como ingeniero comercial, pero apenas terminó la universidad decidió convertirse en profesor de matemáticas en el Colegio Parroquial Santa Rosa, una escuela vulnerable ubicada a los pies del Cerro 18 en Lo Barnechea. Esta decisión, lejos de ser un cambio repentino, tiene sus raíces en su historia previa de enseñanza en La Pincoya y su compromiso con la educación. «Era lo que más me hacía sentido no más”, asegura. 

«Hace dos años que trabajo todos los días de la semana, pero me da lo mismo, soy muy feliz», comparte Cristóbal, quien trabaja de lunes a viernes en el colegio y los fines de semana se dedica a hacer sus talleres de insectos. Como parte del programa de la Fundación Enseña Chile, el año pasado se comprometió con la jefatura de un tercero medio, y este año, al ver a su curso egresar de cuarto, el programa llega a su fin. Sin embargo, ya tiene claro cuáles son sus próximos pasos.

Fotos de Cristóbal Spratz

Bichos y su misión de cambiar el miedo por el respeto

Pese a que siempre estuvo alimentando su curiosidad por los bichos, la decisión de dedicar su cuenta de Instagram al mundo de los insectos fue un momento crucial en su vida. «Nunca estudié entomología, aprendí todo de terreno, pero dije ya, me voy a dedicar a esto porque no había mucha gente haciéndolo», explica con determinación. «Yo quería visibilizar, crear fotos, fichas, videos. Hubo un antes y después de cuando me dije que iba a empezar a documentar».

Con el tiempo, su audiencia fue creciendo y atrayendo cada vez más seguidores. Fue así como, hace aproximadamente un año, recibió su primera invitación para dar una charla en un colegio de Santiago. Quedó maravillado al ver el impacto que tuvo en los alumnos, quienes se mostraron fascinados al escuchar sobre mil tipos de insectos y sus peculiaridades.

Desde esa primera experiencia, el interés por los talleres creció exponencialmente. Ha recorrido escuelas en lugares tan diversos como Chiloé, Ñuble, La Araucanía. Hoy en día, Cristóbal acepta las invitaciones que recibe para compartir su saber, pero también reconoce el esfuerzo que implica, por lo que se ha visto en la necesidad de establecer un costo para sus servicios en colegios y empresas que pueden pagar. Sin embargo, mantiene su compromiso con las escuelas vulnerables, donde ofrece sus talleres de manera gratuita.

Además, durante todos los fines de semana solía realizar talleres de insectos en el Jardín Botánico de Viña del Mar, un espacio que lamentablemente se quemó en febrero. Desde entonces, ha trasladado sus actividades a Santiago, donde ahora realiza sus talleres los sábados y domingos de todas las semanas.

“Hay bichitos que uno muestra y la gente dice: imposible esto no es de Chile, es de la selva, pero hasta en el Mapocho hay insectos increíbles. La gente se sorprende mucho, uno se queda con lo que veía de chico pero hay miles y miles de especies colores texturas y formas hay en la naturaleza”, cuenta.

«Lo que más se repite son niños que tienen mucho miedo a los bichos, especialmente a los arácnidos», agrega. «En el cerro ahora está lleno, entonces es bacán trabajar esas fobias. El objetivo es cambiar el miedo por el respeto, hay que saber reubicar una araña pollito porque muchas veces aparecen en un camino, en el jardín o donde sea que puedan ser atropelladas o atacadas, ahí hay que saber qué hacer”.

Fotos de Cristóbal Spratz

En sus talleres además de enseñar cómo reubicar a algunos insectos, hace un repaso de aquellos que son nativos y que están en peligro, entre ellos su insecto favorito: la abeja caupolicana, una especie endémica en peligro crítico debido a la destrucción de su hábitat. «Asociada a ambientes costeros, está totalmente destrozada por las inmobiliarias, casas, supermercados», lamenta. «El 2022 yo la veía en dunas medias descubiertas, 100 abejas volando, y no he vuelto a ver. Hacen sus madrigueras en las dunas, pero construyeron encima y quedaron enterradas».

Pero no todo son malas noticias, y Cristobal está comprometido a entregar su granito de arena. A finales de año, cuando termine su trabajo como profesor, sueña con colaborar con municipalidades, empresas y colegios comprometidos con la preservación del medioambiente. «Mis sueños son trabajar con las municipalidades de Santiago, empresas. Hay muchas que se las dan de verdes pero hay otras muy comprometidas, hay municipalidades interesadas, colegios vulnerables. Hasta ahora estoy muy motivado», comparte con entusiasmo.

En un mundo donde la preocupación por el medioambiente es cada vez más urgente, personas como Cristóbal Sprätz nos recuerdan que cada pequeña acción cuenta. Su dedicación a los insectos y a la educación ambiental es un recordatorio de que, en el mundo natural, cada criatura, por pequeña que sea, tiene un papel vital que desempeñar.

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