Descubriendo el micelio: el alma oculta de los hongos

por Abr 22, 2024Destacados, Medioambiente, Naturaleza, Portada

Cuando caminamos por el bosque, debajo de cada pisada se oculta un mundo invisible y desconocido. El micelio es la estructura fundamental de algunos hongos, una red de filamentos que se ramifica como un laberinto misterioso y subterráneo que conecta con la vida misma y que despliega un papel que apenas comenzamos a comprender, despertando la curiosidad de científicos y entusiastas de la naturaleza por igual.

Sumérgete en las profundidades del bosque y descubre los diferentes roles ecológicos del micelio: desde la descomposición de la materia orgánica hasta interactuar con una gran diversidad de especies, el micelio contribuye a la conservación del medioambiente. 

Para adentrarnos en este fascinante mundo, conversamos con Daniela Torres, encargada de programas y oficina de Fundación Fungi y difusora de la micología, quien nos guiará a través de los misterios y maravillas de este entrelazado fúngico. 

El verdadero cuerpo de un hongo

Al encontrar una seta en el suelo o en un árbol caído, es como si observáramos la punta de un iceberg. Según explica Daniela Torres, los hongos son “una estructura macroscópica que aparece en ciertas épocas del año o bajo ciertas condiciones ambientales”. Sin embargo, detrás de esta efímera apariencia se encuentra el micelio, una estructura que “está de forma permanente, bajo el suelo o entremedio del sustrato” y que es “el verdadero cuerpo del hongo”.

En la base de este fascinante hongo, se observa el micelio, una red de filamentos con aspecto algodonoso | Fotografía por Gerald Poblete Reinoso (@gp.wildlife)

El micelio está compuesto por filamentos delgados llamados hifas, similares a una telaraña algodonosa que crece de forma unidireccional, y que puede variar en textura y color según la especie. Se ramifica en el sustrato, actuando como la red de vida que nutre y sostiene a la biodiversidad. 

El enlace vital de la naturaleza

Por un lado, el micelio desempeña un papel crucial en la descomposición de la materia orgánica, mediante enzimas “que degradan algunas moléculas complejas, como la lignina o la celulosa”. De esta forma, bacterias, lombrices e insectos pueden participar en el proceso, “pero lo primero que entra en un tronco, por ejemplo, son estos hongos que son capaces de sintetizar estas moléculas complejas, para procesarlas y obtener nutrientes para sí mismos”, agregó Torres. 

De esta forma, la descomposición llevada a cabo por el micelio libera los nutrientes de la materia orgánica, alimentando así a nuevas plantas y animales, lo que cierra el ciclo vital del bosque y da inicio a uno nuevo. 

Por otro lado, uno de los roles más fascinantes del micelio es su capacidad de establecer relaciones simbióticas con otros organismos para su desarrollo vital, que pueden resultar beneficiosas para uno o ambos organismos. 

Avispa parasitada por Ophiocordyceps humbertii | Fotografía por Gerald Poblete Reinoso (@gp.wildlife)

En asociaciones como las micorrizas, que consisten en la simbiosis entre un micelio de algunos hongos y las raíces de plantas, facilitando el intercambio de nutrientes. El hongo proporciona a la planta los nutrientes que no puede sintetizar por sí sola, mientras que la planta suministra los azúcares que obtiene a través de la fotosíntesis.

“Esta relación, hasta el momento, ha sido descrita como mutualista o benéfica para ambos organismos, pero hay algunos estudios más recientes que están dando cuenta que no siempre es así. Uno depende del otro, pero eso no quiere decir que sea benéfico para ambos organismos”, explicó la micóloga.

Además, existen vínculos simbióticos más complejos, como la relación entre las hormigas pertenecientes al género Atta y el hongo Leucoagaricus gongylophorus. Lo interesante es que estos insectos han desarrollado su propia fungicultura: la reina, al instalarse en un nuevo hormiguero, traslada en su cavidad bucal fragmentos de micelio para sembrarlos en sus excrementos. Las hormigas obreras se encargan del mantenimiento y proporcionan la materia vegetal necesaria para la reproducción y cultivo del hongo.

El hongo, al estar al cuidado de las hormigas, ha perdido la habilidad de dispersarse por sí solo en la naturaleza, desarrollando una relación mutualista obligada que, según la directora de programas de Fundación Fungi, “ha ido evolucionando y que al día de hoy, ninguno puede sobrevivir sin el otro”.

Mycena sp. | Fotografía por Gerald Poblete Reinoso (@gp.wildlife)

Amenazas y estrategias de conservación 

El micelio es mucho más que una simple estructura: es el alma oculta que impulsa la vida en nuestros bosques y suelos. Sin embargo, enfrenta amenazas como el cambio climático, la sequía, la deforestación y la degradación del hábitat, lo que resalta la importancia de su conservación para mantener la salud de los ecosistemas. 

La falta de consideración de los hongos en los planes de conservación y manejo de ecosistemas, según la experta, es una amenaza contemporánea ignorada. Integrar estrategias que consideren activamente la presencia y el papel de los hongos en proyectos de restauración y manejo del paisaje, se presenta como una medida crucial para garantizar la sostenibilidad. “Cuando una zona ha sido degradada y se decide intervenir, si se considera la presencia de hongos, creo que el lugar tendría mayores posibilidades de prosperar que simplemente plantar un árbol”.

Para la encargada de programas y oficina de Fundación Fungi, es fundamental incluir a los hongos en la educación ambiental y en nuestras conversaciones. Los hongos son parte integral de los ecosistemas y su papel no debe pasarse por alto en la lucha por la conservación.

“Una de las acciones individuales más importantes es integrar a los hongos en nuestro lenguaje. Debemos incorporarlos constantemente y en cualquier ámbito; si nos referimos a plantas y animales, incluyamos también a los hongos; si hablamos de flora y fauna, incorporemos también a la funga. Los hongos deben estar presentes en nuestras conversaciones sobre la naturaleza”, resaltó Daniela Torres. 

El micelio es un vínculo fundamental en la red de la naturaleza: al reconocer su importancia, promovemos una conciencia más amplia sobre la biodiversidad y la sostenibilidad, impulsándonos a considerar su papel en cada paso que damos hacia un futuro más armonioso con la naturaleza.

Mycena sp. | Fotografía por Gerald Poblete Reinoso (@gp.wildlife)

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