Fortín de Pucura, la trinchera que es «prueba viva de la historia de la resistencia del pueblo mapuche»
Durante décadas se mantuvo en secreto por temor a que llegaran a hacer estudios y se llevaran todo sin retorno ni respeto a la comunidad. Pero hoy Angélica Chincolef Huenumán se encarga de dar a conocer lo que para ella es el testigo mudo de la historia de su pueblo.
Mucho hemos leído y visto en películas sobre las trincheras que se ocuparon durante la Primera Guerra Mundial, surcos en el suelo desde donde los enemigos se disparaban de un lado a otro esperando a que el otro sucumbiera o se rindiera.
Sin embargo, el uso de trincheras se remonta a varios cientos de años atrás, en otras formas y en otras latitudes como Chile.
Hace 450 años, el pueblo Mapuche Pehuenche combatió con las huestes españolas no solo aplicando el enfrentamiento directo, sino que también implementó la estrategia del enemigo del fortín o trinchera de camuflaje: zanjas en forma de cuadrado de casi 10 metros de profundidad en los que se colocaban trampas con puntas afiladas de coligue que se cubrían y camuflaban para que pasaran desapercibidas.
Mientras las tropas españolas avanzaban, los guerreros Pehuenche los observaban desde lejos, escondidos entre los árboles gruesos que cubrían el territorio. A quienes no caían en las trincheras se les perseguía y atacaba, en tanto los que sí lo hacían eran decapitados y sus cabezas colgadas en los árboles para amedrentar a los que vendrían después.
Las trampas de coligue afilado se escondían dentro de las trincheras y se tapaban con ramas para camuflarlas.
En Coñaripe a metros del Lago Calafquén, se encuentra uno de los fortines mapuche que aún conserva su trazado original. La familia Chincolef, dueña del territorio, lo tuvo en secreto hasta hace un par de años por miedo a que llegaran a hacer investigaciones arqueológicas y se llevaran sin retorno todo lo que ha significado durante siglos para su familia.
“Es el único que queda intacto, los demás fueron tapados por los agricultores”, comenta Angélica Chincolef Huenumán. “Mi abuelito murió a los 105 años y él no dejó que nadie entrara en este espacio. Yo lo tomé y empecé a mostrarlo porque es un lugar donde batalló mi pueblo por las generaciones futuras. El territorio es un testigo mudo, decía mi abuelito”.
En su hogar, Angélica no solo muestra la histórica trinchera en la que jugaba de niña, también ofrece servicios de gastronomía local dentro de una ruka de totora. En 2022 fue la emprendedora destacada de la Región de Los Ríos en el concurso Mujer Empresaria Turística por su emprendimiento Fortín Mapuche. Además, tomó clases durante tres años en la Universidad Católica de Villarrica como guía turístico gracias al fondo maorí que administra dicha entidad.
“Es mi granito de arena al territorio, a la lucha que tuvo el pueblo de tanta injusticia, de tanta sangre derramada. Para mi es darle la gracias por todo lo que hicieron”, afirma Chincolef para quien el fortín es “la prueba viva de la historia de la resistencia del pueblo mapuche”.
Angélica Chincolef restauró ella misma el fortín y se encarga de guíar y contar su historia.
A Angélica la han contactado de diferentes Universidades para hacer estudios arqueológicos e incluso el Estado quiso declararlo Monumento Nacional en 2018, sin embargo la desconfianza de la familia y la comunidad es muy grande por lo que se negaron. Antes ya se habían llevado hallazgos arqueológicos como joyería, pero ni Angélica ni la comunidad Mapuche Nepu volvieron a verlos. “Yo no dejo que hagan estudios en el fortín porque las cosas que se enterraron fueron con un propósito. Se enterraron junto a una ceremonia entonces tienen que estar ahí”.
En el futuro, no sabe si en el corto o largo plazo, la emprendedora piensa crear un museo donde pueda mostrar réplicas de artefactos que usaban los Pehuenche tanto para la guerra como para la gastronomía.
En caso de querer visitar el Fortín es necesario contactar a Angélica a través de sus redes sociales previo a la visita. Ella recibe a todo el mundo con una increíble calidez y pasión por contar la historia de lo que se vivió en el territorio que la vio crecer a ella y a toda su familia.
El fortín esta rodeado de árboles nativos y afiches informativos hechos por Angélica. En esta imagen se muestra al guerrero galvarino a quien los españoles le cortaron las manos en señal de escarmiento.
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