Fotografiando la Antártica: la experiencia de Jaime Kunstmann y Rocío del Valle ante un paisaje único
El imponente paisaje blanco de la Antártica lo hace un lugar único en el mundo para fotografiar. En esta ocación la carrera de los fotografos Jaime Kunstmann y Rocío del Valle les entregó el desafío de comunicar y aprender acerca de la importancia que representa el continente blanco para el mundo .
Jaime Kunstmann y Rocío del Valle son pareja hace diez años y hace siete que son fotógrafos profesionales. Se casaron en 2020 pero recién en agosto del año pasado pudieron celebrar su luna de miel en Islandia. Justo uno de esos días recibieron la llamada de Chile Travel donde los invitaron a participar de un viaje en buque a la Antártica. No lo podían creer. En cinco meses más tendrían que estar al otro lado del mundo, en el continente en el que solo ha estado el 1% de la población.
Con el objetivo de fotografiar y generar contenido audiovisual del continente blanco, la pareja fue invitada a realizar fotografías sobre el comportamiento de los glaciares, el deshielo, además de la fauna presente. La tarea era comunicar sobre un lugar inhóspito y del cual la gente no conoce mucho.
“Son tan pocos los registros que se tienen del lugar que todo lo que hagas, todo lo que puedas fotografiar o analizar o transparentar, después contarles la experiencia a las personas detalle a detalle hace que la gente también tenga consciencia de que esos lugares existen”.
Fotografiar la Antártica
Trabajar en un lugar como la Antártica también resultó ser algo totalmente desconocido para ambos. Las dificultades técnicas se dejaron notar, las manos se les congelaban y los equipos sufrían los estragos del clima, pero por sobre todo sentían el peso de la responsabilidad de comunicar sobre un lugar que significa tanto para el planeta en temas sociales y medioambientales, y al que muy pocas personas pueden acceder.
“Creo que cada toma tiene un significado y una intención especial, como cuidar harto lo que vas a generar. Había mucha gente expectante sobre lo que íbamos a comunicar de la Antártica y teníamos esa responsabilidad de mostrarlo bien”, asegura Rocío del Valle, “creo que las fotos no le hacen justicia a lo que realmente es la Antártica, es difícil. Mostré fotos y sé que se ven bien, pero aun así siento que no vas a poder sentir el cien por ciento de lo que es estar ahí”.
Según los fotógrafos la experiencia fue como volver un poco al origen y la esencia de la fotografía, donde se hace lo que va naciendo. No tenían un punto de comparación respecto a sus trabajos anteriores, nunca habían hecho nada parecido. Ambos aseguran que fue un proceso de autodescubrimiento en el que exploraron nuevos colores e iluminación.
Fotografía de Rocío del Valle
Para Jaime Kunstmann la tarea también significó una gran responsabilidad, “son tan pocos los registros que se tienen del lugar que todo lo que hagas, todo lo que puedas fotografiar o analizar o transparentar, después contarles la experiencia a las personas detalle a detalle hace que la gente también tenga consciencia de que esos lugares existen”.
El fotógrafo recalca la importancia de entender la Antártica no sólo como un lugar donde hace mucho frío y en el que se pueden ver pingüinos, sino como un territorio de suma importancia para el planeta. Una zona geográfica que actúa como aire acondicionado para el resto del mundo y en el que convive un ecosistema entero.
“Cuando alguien compra una imagen de un glaciar, yo digo esto es una imagen única, y no porque la haya hecho yo, sino porque el glaciar nunca va a volver a estar así. El hielo estaba así en ese momento y si lo vas a ver mañana va a estar de otra forma, es único, no es como un bosque que puedes capturar durante todas las estaciones del año y siempre va a ir mutando, pero el bosque siempre va a estar ahí el glaciar no”, asegura el fotógrafo.
“Fue perfecto porque yo creo que para ir a la Antártica, en nuestra carrera como fotógrafos en particular tienes que estar profesionalmente preparado porque los momentos son muy rápidos, o sea te enfrentas a un espacio despejado una vez y tienes que tener esa velocidad de reacción. Si hubiéramos ido hace tres años atrás no hubiéramos podido hacer todo lo que hicimos por los conocimientos que tenemos, así que fue perfecto este momento porque ya estábamos avanzados en cuanto conocimientos”, explica Rocío del Valle.
Fotografía de Jaime Kunstmann
La importancia de ser embajadores Antárticos
Para llegar a la Antártica, Jaime y Rocío se tuvieron que embarcar en el buque Ocean Nova. Los fotógrafos eran posiblemente los pasajeros más jóvenes del viaje, el resto parecía tener más de cincuenta años, personas que probablemente ahorraron toda su vida para poder costear los veinte mil dólares que cuesta la travesía.
“Es super respetuoso, nunca ves a gente interrumpiendo al ecosistema, al típico turista con el pingüino al lado, no. Es gente que ya tiene muchos años, que ya han aprendido muchas cosas de la vida y que ven la Antártica como un propósito de vida”, comenta Jaime Kunstmann sobre las personas con las que compartieron el viaje, “hay un común denominador, pasa algo y no hay nadie que sea indiferente”.
Fotografía de Rocío del Valle
Para los fotógrafos haber estado en el continente antártico es sentirse en otro planeta. Es un lugar donde todo cambia, la luz, el clima, el paisaje e incluso el silencio es perturbador, “son sentimientos encontrados porque, que ganas de que todos vayan, pero al mismo tiempo que si alguien va sea con conciencia, responsabilidad y asumir lo que significa un viaje de este tipo”, cuenta Rocío.
Los sentimientos de querer preservar la zona tal como está son inevitables, sin embargo la pareja también pudo presenciar la responsabilidad de las empresas presentes en la zona.
La IAATO es la organización que se encarga de defender y promover la práctica de viajes seguros y ambientalmente responsables del sector privado a la Antártica. “Es un lugar muy especial, es un lugar muy idílico, donde la gente vive en paz y no hay armas, donde los tratados funcionan”, afirma Jaime.
Fotografía de Jaime Kunstmann
“Quizás muchas personas no van a poder ir, pero si van a saber que existe, qué es lo que pasa ahí y el efecto que tiene. Entonces esa idea de ser embajadores antárticos y de transmitir el mensaje lo encontré muy importante», afirma la joven fotógrafa, “el llamado es la antártica vive, la antártica existe, si te resuena y te hace sentido puedes ir, porque claramente no a todos les va a resonar”.
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