Hongos alucinógenos: ¿tratamiento natural para la depresión?

Se estima que los seres humanos consumimos hongos alucinógenos hace al menos 7000 años. Las antiguas culturas indígenas lo hacían —y siguen haciendo— con diferentes fines: conectarse con lo divino, rituales o para sanar enfermedades. Actualmente la ciencia moderna busca descifrar los misterios y potenciales usos de estas sustancias psicodélicas, y uno de los primeros descubrimientos que han logrado es su potencial uso para el tratamiento de enfermedades psiquiátricas como la depresión.

Ángel Fondón
Ilustraciones por:
Eliana Vera

Junio 30, 2020

 

Ilustración hecha por @amanita_amapola

 Sylvana Norambuena, de 52 años, tiene depresión y toma medicamentos antidepresivos hace 20. El día de su cumpleaños su hija Javiera Mejías, psicóloga de 26, le regaló hongos alucinógenos después de haber tenido una buena experiencia consumiéndolos con amigos, ocasión que la hizo decidir dejar de fumar tabaco. —Mamá quiero que comamos juntas. Son súper sanos. Vamos a pasar un rato agradable. Te van a hacer bien —aseguró Javiera a Sylvana. Lo comieron juntas, en su casa en Huechuraba. “Mientras estábamos esperando que nos hiciera efecto, de repente me quedé pegada en una imagen de mi juventud, me dio pena. Me vi a los 17 años, vi a mis hermanos chicos y a mi mamá en una casa preciosa donde nosotros vivíamos. Fue una cosa muy rica, como que me abrí” dice Norambuena.

¿Qué son los hongos alucinógenos?

Los hongos alucinógenos son setas que comparten la característica de contener sustancias psicoactivas como la psilocibina y la psilocina. Se denomina psicoactivo a toda sustancia química que al ser ingerida, ejerce un efecto directo en el sistema nervioso central y ocasiona cambios específicos en sus funciones. Existen registros de diversas culturas antiguas que consumieron hongos con psilocibina en diferentes partes del mundo: los griegos, tribus siberianas en la actual Rusia, culturas indo-iranias, y muchos pueblos de Centroamérica como los mapotecas, los chichimecas y los aztecas, entre otros. El hongo alucinógeno es también considerado una droga psicodélica, lo cual implica que es un psicoactivo cuya principal acción consiste en alterar la cognición y la percepción de la mente, dando lugar a experiencias fuera de lo común, generalmente consideradas alucinaciones. El término psicodélico viene de las palabras griegas “alma” y “manifestar”, por lo que su traducción sería “manifestación del alma”. Paul Stamets es un micólogo (estudioso de los hongos), escritor estadounidense, activista por la bío-medicación y los hongos medicinales. Según este reconocido científico, los seres humanos consumimos hongos alucinógenos sacramentalmente hace al menos 7.000 años y somos una de las 23 especies de primates que los ingieren.

Ilustración hecha por @negroyarur & @arterootz

Descubriendo los potenciales de los psicodélicos

Christopher Timmermann, psicólogo chileno de 33 años, es uno de los investigadores que a nivel mundial están estudiando el uso terapéutico y medicinal de sustancias psicodélicas. Luego de terminar sus estudios de psicología en la Universidad Católica, en 2012 se ganó una beca para ir a hacer un magíster en neurociencias en la Universidad de Bolonia, en Italia. Ahí fue que escuchó sobre una conferencia sobre el uso medicinal de sustancias psicodélicas en Londres, a la que asistió solo, sin saber mucho. “Se me abrió un mundo enorme en relación a lo que estaba sucediendo con estas sustancias, encontré algo maravilloso e increíble”, dice Timmermann. En la misma conferencia se acercó a sus actuales colegas. Les presentó un proyecto y fue seleccionado para realizar un doctorado en neuropsicofarmacología y neurociencias del Imperial College London, donde está trabajando desde 2015 y ya se prepara para seguir investigando en un postdoctorado.

Timmermann, actualmente investiga sobre el potencial uso medicinal del compuesto dimetiltriptamina (DMT), psicodélico presente en la ayahuasca, una bebida tradicional indígena de los pueblos amazónicos de sudamérica. El psicólogo ha participado activamente también en múltiples investigaciones con psilocibina, especialmente en su uso para el tratamiento de la depresión.

Psilocibina como medicamento para la depresión

Los estudios en los que participa el psicólogo de la Universidad Católica consisten en administrar una cápsula de 25 miligramos de psilocibina pura, que corresponde a una dosis media-alta, a pacientes sin historial de crisis psicóticas o con parientes de primer grado con trastornos psiquiátricos. Esta dosis se les suministra a los pacientes en un espacio cómodo, cálido, con música amena y acompañados siempre de un psicólogo, un psiquiatra o un guía que promueve que la persona vaya a sus procesos interiores y encuentre la forma para reelaborarlos. Mediante la medición con escáneres especializados, se ha descubierto que la psilocibina de alguna forma reorganiza el modo en que las redes neuronales operan cotidianamente. “Básicamente la forma en que funciona nuestro cerebro tiene que ver con cómo están conectadas nuestras redes neuronales. Estas redes reflejan de alguna forma cómo vivimos día a día”, dice Timmermann. Una de las expresiones en el cerebro de la depresión, es el mecanismo de rumiación. Esto es, el pensar una y otra vez los mismos pensamientos negativos, lo cual es causado por una sobrecristalización de ciertas redes neuronales, es decir, las conexiones se vuelven rígidas, generando que las personas que padecen de depresión no puedan superar un pensamiento o trauma. Según lo descubierto por los científicos, la psilocibina desregula eso de forma significativa. En el estado agudo del efecto de la sustancia, todas las redes neuronales que usualmente funcionan de una misma forma, dejan de hacerlo, ya no funcionan de forma separada, si no que trabajan en conjunto. “Lo que sucede en términos genéticos, es que el sistema renueva su funcionamiento. Los patrones habituales de conexiones neuronales dejan su rigidez y buscan nuevas alternativas. El repertorio de posibilidades que tiene el cerebro se expande”, asegura el investigador.

Antidepresivos tradicionales y psilocibina

Según explica Timmermann, la psilocibina tiene un efecto justamente contrario al de los antidepresivos en el cerebro. Si bien ambos estimulan los receptores de serotonina, neurotransmisor relacionado con la sensación de felicidad y bienestar, los antidepresivos tradicionales estimulan el receptor específico de serotonina 1A, el cual alivia los síntomas de la depresión y permite un funcionamiento emocional en lo cotidiano. Los psicodélicos y la psilocibina actúan sobre otro receptor: el 2A, comúnmente llamado receptor psicodélico. Cuando se activa este receptor, más que aliviar síntomas, se aumenta la expresividad emocional y la confrontación de ciertas cosas que usualmente no son fáciles de afrontar. “De alguna forma paradójica realiza lo contrario que los antidepresivos. Aumenta las emociones difíciles y eso puede tener un beneficio terapéutico. Al enfrentarse con procesos traumáticos, se abre la posibilidad de reelaborar el relato de esas situaciones, y hacer que los traumas tengan resolución. Muy parecido a lo que busca una terapia psicológica tradicional”, dice Timmermann.

Un saber ancestral

Soledad, chilena terapeuta de 55 años, prefiere no mencionar su apellido para evitar problemas con la ley. Dice que después de lo de Antares de la luz, secta que ganó notoriedad y repudio público por quemar a un niño recién nacido bajo los efectos de ayahuasca, se ha vuelto más cuidadosa en sus ceremonias, y respecto a quienes participan en ellas. Atiende como psicoterapeuta transpersonal a diferentes pacientes derivados por un psiquiatra con el que trabaja, y a quienes le entregan la confianza, los ayuda con ceremonia de hongos que contienen psilocibina. La terapeuta fue bautizada como Cuauhtli Patli por indígenas centroamericanos. El nombre significa “águila que trae la medicina”. Asegura ser sacerdote legalmente y portadora de tradiciones indígenas. Ha sido formada por diferentes tradiciones de culturas antiguas en las ceremonias de hongos, desde Siberia, pasando Medio oriente hasta Centroamérica. “Hay muchos diseños (de ceremonias) pero todos más o menos trabajan lo mismo: elevar el estado de conciencia y conectarse con lo divino”, dice Soledad.

Ilustración hecha por @amanita_amapola

 

La sabiduría ancestral y los descubrimientos modernos

Existen varias similitudes en la forma en la que los estudios de Timmermann y las ceremonias de la terapeuta de hongos trabajan con la psilocibina. Ambos se preocupan de hacer, en primer lugar, un chequeo médico a sus pacientes, evitando a quienes tengan un historial de ataques psicóticos o familiares con trastornos psiquiátricos. También los dos describen el efecto de la psilocibina como un enfrentamiento con los traumas y las emociones escondidas, y defienden la terapia asistida para una mejor experiencia. “Para tratar la depresión hay que hacer que la persona entre en lo más profundo y se hunda en ello para poder salir a la orilla. Esto es un remedio, el entender el sufrimiento acompañado de un guía”, dice Soledad.

Para ambos expertos en terapias con psilocibina, lo que ocurre a nivel cerebral y emocional es similar a lo que ocurre en un computador cuando es reiniciado. Soledad dice que las medicinas trabajan y te enfrentan con la muerte. “Es una experiencia de morir y nacer sin que el cuerpo muera. Una formateada tremenda”, dice Soledad. Timmermann hablando de la duración de este reordenamiento cerebral que ocurre con la psilocibina, dice que ya hay evidencia preliminar de que los efectos duraderos de un tratamiento con depresión pueden durar de tres a seis meses. “Es como un reseteo del computador, se reorganiza la información y cómo la información se relaciona entre ella”, dice el científico.

Experiencias místicas

Según Timmermann existe amplia literatura relacionada a las visiones, alucinaciones o experiencias del tipo místico bajo los efectos de los psicodélicos, las cuales comparten ciertas características comunes: la dificultad de ponerlas en palabras, la sensación de entender la totalidad de las cosas, o de ser capaz de ver la propia realidad y lo externo bajo una perspectiva que lo engloba todo. Quizás el punto más difícil de abordar para la ciencia moderna tiene relación con las alucinaciones que algunos pacientes experimentan. “Existe una asociación muy fuerte en la intensidad de esa experiencia del tipo místico, o de tipo culmine, con avances en el proceso terapéutico y mejora de los síntomas depresivos en los pacientes que se han medido” asegura el investigador. La perspectiva de la sabiduría indígena que encarna la psicoterapeuta transpersonal, asume las visiones de los consumidores de psilocibina como reales, como una conexión con una divinidad superior a nosotros. La ciencia no niega las posibilidades y teorías que se abren al comparar los testimonios de quienes experimentan visiones y experiencias místicas con el consumo de sustancias psicodélicas. Timmermann dice que este tipo de experiencias son áreas relativamente nuevas en el ámbito científico, y que lo difícil entonces es encontrar las categorías adecuadas para transmitir esa información a los científicos y al público amplio. Mientras más investigan y descubren al respecto, se van abriendo nuevas puertas llenas de preguntas. Hoy también trabajan en cómo darle cabida a esta posibilidad experiencial del ser humano en un contexto científico. “Es un desafío difícil, pero abordable y estamos trabajando en ello usando las herramientas que la psicología nos brinda” dice el científico.

Efectos colaterales

“Los niñitos de luz (hongos alucinógenos) son también viejos mañosos. no creas que todos los viajes son buenos. Hay gente que se queda perdida también. Uno no sabe, la psique humana es un misterio”, dice la terapeuta. Timmermann asegura que desde el punto de vista fisiológico, el daño relativo comparado con otras drogas de los hongos alucinógenos es muy bajo, es una droga segura de consumir. El único riesgo fisiológico que se ha medido tiene que ver con el contexto, como en el caso de personas que consumen sin supervisión y pueden sufrir accidentes producto de alteraciones en la percepción. Según explica el científico, el mayor riesgo está en poblaciones vulnerables, las cuales pueden sufrir episodios traumáticos, aunque no les ha tocado hasta ahora presenciar ninguna situación así en los pacientes estudiados. “Hay reportes anecdóticos acerca de potenciales psicosis y cosas por el estilo. Generalmente cuando suceden son episodios breves, pero hay poblaciones vulnerables donde puede haber efectos a largo plazo”, dice Timmermann.

Legalidad

Como los estudios del psicólogo chileno sobre DMT y psilocibina, existen varias investigaciones que han dado resultados positivos en el uso de estas drogas psicodélicas para el tratamiento de adicciones, estrés postraumático y la angustia en los pacientes diagnosticados de cáncer terminal. Sin embargo, aún en la mayoría de los países del mundo, sigue siendo ilegal, y el formato químico de la psilocibina es considerado en la legislación igual que la heroína. “Es absurdo porque estas categorías no reconocen un potencial uso médico o de valor científico de estas sustancias cuando ya hay una cantidad de evidencia suficiente para afirmar que no son dañinas”, dice Timmermann Pese a la criminalización que sufre el compuesto, existen iniciativas importantes que están intentando cambiar esta situación. En mayo de 2019, los habitantes de Denver en EE.UU decidieron a través de un plebiscito descriminalizar la sustancia, sumándose a un proceso similar que ocurrió en Oakland, California.

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