Exhibiciones humanas: historias de racismo contra indígenas en el siglo XX

Durante el siglo XIX proliferó una brutal moda en las principales ciudades del mundo: exhibir seres humanos “exóticos”en museos. Barcos provenientes de países industrializados llegaron a todos los rincones del globo a llevarse en contra de su voluntad a indígenas de distintos pueblos originarios. Lo que comenzó con -macabras- intenciones “científicas” se transformó en un show para las élites que asistían asiduamente a estas exhibiciones.

Ángel Fondón

Agosto 14, 2020

 

El siglo XIX, cuna de la ciencia moderna y el racionalismo europeo, fue también una época oscura en que se cometieron horribles crímenes contra la humanidad utilizando como excusa la ciencia. Del sur de Chile y Argentina indígenas de las culturas selknam, alacalufe, yagán y mapuche fueron llevados en contra de su voluntad a Europa para exponerlos en países como Francia e Inglaterra. Lamentablemente, estos hechos racistas no fueron aislados, entre 1800 y 1900 hubo museos humanos en toda Europa y en Estados Unidos fueron incluso exhibidos en un zoológico. En Sudamérica el único lugar donde hubo exhibiciones humanas fue en Río de Janeiro, Brasil.

A continuación relatamos brevemente algunos de los episodios más crueles de esta práctica que dañó a grupos humanos irreversiblemente. Este artículo es un memorial a estas personas que sufrieron el eurocentrismo y el racismo científico, como también un recuerdo de lo peligrosa y dañina que es la discriminación, el sentido de superioridad y la falta de empatía.

 

“Botocudos”

En el año 1882 fueron exhibidos siete indígenas en el Museo Nacional de Río de Janeiro provenientes del actual Estado de Bahía, a los cuales los colonos portugueses llamaban “botocudos” por el uso de discos “botoques” labiales y auriculares. Estas exhibiciones en un principio tenían un “objetivo” científico, de hecho los investigadores del museo describieron a los botocudos como primitivos que ocupaban el último lugar en la escala evolutiva. Al haber sido llevado contra su voluntad y cómo constatan los relatos de la época, los indígenas se fugaron reiteradas veces del museo, lo que aumentó la curiosidad popular.

Indígenas de la Patagonia

En el año 1889 con motivo de la celebración de los 100 años de la revolución francesa, se hizo una gran celebración que incluyó la construcción de la Torre Eiffel. Entre otras “atracciones”, fueron exhibidos nueve indígenas raptados desde la Bahía Felipe (isla grande de Tierra del Fuego ubicada en el extremo sur del continente Americano) por el empresario belga Maurice Maitre. Eran once indígenas en total, lamentablemente dos de ellos murieron en el camino, uno asesinado al resistirse. En la exposición fueron presentados como «caníbales» ante un público curioso. Se les veía en condiciones lamentables y solo eran alimentados con carne cruda de caballo para destacar “su salvajismo”. A pesar de ciertos reclamos, fueron exhibidos también en Londres y Bruselas. Finalmente la South American Missionary Society logró su repatriación aunque sólo seis sobrevivieron a esta trágica experiencia. Los que llegaron de vuelta a sus tierras, después de años de ausencia, sus clanes no los aceptaron y los dejaron aislados.

 

Saartije Baartman

En el viejo continente la exhibición con más revuelo en la opinión pública y popularidad fue la de de Saartjie Baartman, mujer originaria de la etnia khoihhoi de la actual Sudáfrica, quien fue expuesta en circos, museos y teatros de Inglaterra y Francia entre 1810 y 1813. La forma en que Saartije era tratada generó protestas en Londres, enmarcadas en una época en que era debatida la abolición de la esclavitud. Luego de que los europeos perdieran el interés en la africana, fue obligada a prostituirse y murió en 1815 sola, enferma y alcohólica. Como si su vida no hubiese sido lo suficientemente terrible, tras su muerte la comunidad científica parisina hizo una autopsia en su cuerpo y decidió exhibir su esqueleto, cerebro y genitales en el Museo del Hombre de París. Los genitales fueron durante mucho tiempo objeto de gran curiosidad por poseer la característica llamada “sinus pudoris”, que es una elongación de los labios menores de la vagina, propia de las mujeres de su etnia.

 Ota Benga

Estados Unidos no quedó ajeno de esta tendencia y en el año 1904 fue exhibido en el Zoológico del Bronx en Nueva York, Ota Benga, de la etnia de los batwa pigmea del Congo. Benga fue puesto tras las rejas en la exhibición junto a un orangután amaestrado. La intención era promocionar la teoría según la cual el hombre venía de la evolución del mono, además de promover la eugenesia y el racismo científico. El africano nunca regresó a su país y se suicidó de un disparo al corazón a sus 32 años.

Ilustración hecha por @negroyarur & @arterootz

Hoy

Si bien hoy en día exponer a un ser humano en un museo sería inconcebible -e ilegal-, en pleno siglo XXI siguen ocurriendo acciones racistas que conmueven al mundo. El 25 de mayo de 2020 el asesinato al afroamericano George Floyd a manos de un policia estadounidense generó protestas en contra del racismo en todo el planeta. A nivel local el escenario es similar, la noche del sábado 1 de agosto generó repudio en redes sociales los videos que se viralizaron sobre el desalojo de manifestantes mapuches que se habían tomado la municipalidad de Curacautín a manos de civiles amparados por Carabineros en pleno toque de queda. En el video se escuchan gritos como “¡vuelvan a sus cuevas, ratones!” o “¡el que no salta es mapuche!”.

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