Manuel Antonio: el parque nacional más visitado de Costa Rica nació de una rebelión ciudadana

por Abr 25, 2025Medioambiente, Outdoor

Costa Rica es reconocida mundialmente por su red de parques nacionales. Muchos se imaginan que esa protección vino desde arriba: desde gobiernos visionarios o científicos que trazaron mapas y leyes. Pero en Manuel Antonio, la historia fue distinta.

Este parque —famoso por sus playas de arena blanca, su selva que cae hasta el mar, y por la posibilidad de ver monos capuchinos, perezosos o iguanas en cada sendero— nació de la desobediencia.

Fotografía por Tomás Ortega

La batalla por una playa

A finales de los años 60, las tierras que hoy forman parte del parque estaban en manos privadas. Eran terrenos codiciados por su belleza natural, y existían proyectos para convertirlos en desarrollos turísticos cerrados, inaccesibles para la comunidad local. Las playas, que siempre habían sido de uso común, comenzaron a cercarse. Se colocaron letreros de «propiedad privada» y se restringió el paso.

Pero la gente de Quepos no lo aceptó. Agricultores, pescadores y vecinos de toda la región se organizaron para defender el acceso libre a sus costas y proteger la riqueza natural que los rodeaba. Hubo protestas, cartas, reuniones tensas con autoridades, y una creciente presión social.

Fue un movimiento inédito en Costa Rica: una comunidad exigiendo al Estado la creación de un parque nacional para conservar un territorio que el mercado ya había marcado para la venta.

La victoria verde

Finalmente, en noviembre de 1972, el gobierno declaró oficialmente el Parque Nacional Manuel Antonio. Lo hizo en respuesta directa a esa presión ciudadana. Y aunque los primeros años fueron complejos —con pocos recursos, presencia irregular de guardaparques y conflictos por la tenencia de la tierra—, el parque sobrevivió y se consolidó.

Hoy, Manuel Antonio es uno de los destinos turísticos más populares de América Central. Recibe a más de 150.000 visitantes al año, y es el parque nacional más pequeño de Costa Rica… pero también uno de los más biodiversos.

Fotografía por Tomás Ortega

Entre el turismo y la conservación

Con el tiempo, el parque se transformó. Se abrieron senderos, se regularon las visitas, se prohibió alimentar a la fauna, y se impulsaron planes para proteger los ecosistemas costeros y marinos. Sin embargo, el reto sigue siendo enorme: cómo equilibrar la conservación de un ecosistema frágil con el flujo masivo de turistas que vienen a maravillarse con sus paisajes.

El mono capuchino, por ejemplo —uno de los animales más vistos en el parque—, es también uno de los más afectados por el turismo irresponsable. Algunos visitantes aún intentan alimentarlos, sin saber que esto cambia su comportamiento, afecta sus hábitos y puede generar conflictos.

La herencia de la rebeldía

Manuel Antonio es mucho más que un lugar bonito para tomarse fotos. Es un símbolo del poder que tiene una comunidad organizada para defender su territorio. Es una historia que recuerda que la conservación no siempre nace de la autoridad, sino de la necesidad, de la memoria, de la dignidad.

Los monos siguen saltando entre los árboles, las olas rompen en la playa Espadilla, y los senderos se llenan de idiomas distintos. Pero bajo esa postal perfecta, sigue latiendo el corazón rebelde de quienes lucharon por conservar este pedazo de mundo.

 

Porque este parque, a diferencia de muchos, no nació desde arriba. Nació desde el suelo. Desde la gente. Desde la desobediencia.

 

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