Vivir sin electricidad en medio del paraíso austral, la pobreza energética en Raúl Marín Balmaceda

por Oct 12, 2023Destacados, Medioambiente, Naturaleza

Imagínate vivir en un paraíso natural, donde los hermosos paisajes contrastan con una realidad cruda: la energía se corta sin aviso y a veces por días. Dicen estar acostumbrados, pero los habitantes de Raúl Marín Balmaceda enfrentan los impactos de la pobreza energética todos los días, desafiándolos a encontrar soluciones en un territorio aislado.

Cada mañana sin falta, María Ahrens se despierta a las siete de la mañana para ir a trabajar. Podría despertarse antes, pero a esa hora la energía recién comienza a funcionar en los hogares de Raúl Marín Balmaceda. Pese a que en la isla viven solo un poco más de 200 personas, María se encarga de escuchar a cada uno de los vecinos que llegan a diario al Comité de Agua y Luz con dudas sobre los cortes de electricidad, problemas de abastecimiento de combustible o de agua potable.

“Toda la gente se ofusca con esta situación y me llegan a reclamar a la oficina, entonces sus problemas son mis problemas, me entiendes”, cuenta María. Del otro lado del teléfono se la escucha apurada, va camino a la oficina a desenchufar los aparatos electrónicos porque le avisaron hace menos de una hora que iban a cortar la electricidad. La barcaza que se suponía que tenía que llegar hace cuatro días con el combustible para los generadores no ha podido cruzar el río debido al mal tiempo.

Tiene 41 años y ha vivido en Raúl Marín Balmaceda prácticamente toda su vida. Desde que llegó con sus abuelos con tan solo dos años de edad, ha sido testigo de los desafíos que enfrenta la comunidad en su lucha diaria contra la pobreza energética. De niña creció con luz de vela y lámparas a parafina, ya mayor tuvo que criar a sus dos hijos con solo algunas horas de electricidad al día y hoy lucha cada día para hacer patria en su amada isla.

A pesar de estar acostumbrados a la falta de luz, los fallos constantes en los generadores y el deteriorado tendido eléctrico son un problema constante. «Ahora último tenemos el gran problema del tendido eléctrico que es demasiado viejo, y generador que traen, generador que se echa a perder. Entonces pasamos días sin luz. No hace más de un año que estuvimos como 11 días sin luz», relata María.

María Ahrens, quien ha vivido en Raúl Marin Balmaceda durante toda su vida y quien actualmente es secretaria del Comité de Agua y Luz de la localidad.

La localidad de Raúl Marín es uno de los 10 sistemas aislados de la Región de Aysén, los que corresponden a aquellos que tienen una capacidad instalada menor a 1,5 MW y que generalmente se encuentran en lugares apartados.

Pese a que en Chile no existen instrumentos específicos para medir la pobreza energética en términos de acceso, calidad y equidad, sabemos que los hogares de Raúl Marín Balmaceda son parte de las 5.086 viviendas que sólo tienen acceso parcial a energía eléctrica (algunas horas al día). Por otro lado, otros 24.556 hogares en el país no tienen acceso a energía eléctrica en lo absoluto, según los resultados del Mapa de Vulnerabilidad Energética 2019.

Según la Red de Pobreza Energética, un hogar se sume en la pobreza energética cuando carece de acceso equitativo a servicios energéticos de calidad, necesarios para el desarrollo humano y económico. La lucha contra esta pobreza se vuelve más compleja en un mundo digitalizado, donde la electricidad es esencial para la educación, la información y el acceso a oportunidades laborales.

A la pobreza energética se suma otro desafío que tiene relación directa: la vulnerabilidad energética territorial. Raúl Marín Balmaceda, emplazado en la desembocadura del río Palena, enfrenta dificultades adicionales debido a su ubicación geográfica aislada. La dependencia de fuentes energéticas limitadas, combinada con los retos logísticos de su situación remota, aumenta la vulnerabilidad de la comunidad ante los cortes de energía y los problemas en el suministro eléctrico.

Raúl Marín Balmaceda. Fotografía de Vicente Weippert Martínez.

Viviendo a oscuras: el estrés de lidiar con cortes constantes de electricidad

Los paisajes de Raúl Marín Balmaceda destacan por su increíble belleza. Los sedimentos arenosos forman extensas playas, las cuales poseen una activa vida silvestre, mientras que sus alrededores están conformados por grandes laderas, cubiertas de exuberante vegetación y farellones rocosos.

Raúl Marín Balmaceda fue fundada en 1889 y, según el censo de 2017, tiene alrededor de 239 habitantes. Pese a que es la localidad más antigua de la región de Aysén, la electricidad llegó recién 100 años después de su fundación. Gracias al esfuerzo del Padre Antonio Ronchi fue que en 1992 la isla contó con el primer generador eléctrico de su historia.  

En ese entonces, se eligió la primera comitiva del Comité de Agua y Luz, un pequeño grupo independiente que se encarga de proveer energía eléctrica y agua potable a los habitantes de Raúl Marín. Sin embargo, actualmente los generadores que utilizan para suplir la necesidad energética son arrendados, en general, por parte de la municipalidad de Cisnes a empresas salmoneras.

“A lo largo de estos años, hemos tenido que lidiar con diversos problemas. Los motores de  los generadores han cumplido su vida útil y se han echado a perder, lo que nos deja sin luz por días”, expresa María. Ante esta situación la mayoría del pueblo optó por comprar sus propios generadores, sin embargo, varios vecinos no han podido adquirir uno por el gasto que supone. 

“Se alumbran con velitas o el vecino les da una guía de su generador para su casa para que puedan tener luz un rato, ha pasado muchas veces que a la gente se les echa a perder lo que tienen en los  refrigeradores, eso es lo que más cuesta”, explica María.

Además, pese a que varios hogares cuenten con su propio generador, cada persona tiene que hacerse responsable de ir a comprar su combustible a la bomba de bencina más cercana ubicada en La Junta a más de 70 kilómetros de Raúl Marín, la cual vende un máximo de 20 litros por persona. 

Raúl Marín Balmaceda. Fotografía de Vicente Weippert Martínez.

Salud y educación, una cuestión de energía

En cuanto a la salud, los dolores estomacales son comunes debido a que, para que el agua sea bebible, tiene que ser clorada. Sin embargo, para que eso ocurra, es necesario que la corriente eléctrica esté siempre funcionando para que el motor del clorador haga su trabajo. Cuando no hay luz, el agua no se trata correctamente, lo que puede causar problemas digestivos como diarrea y náuseas. Sin embargo, la gente ya aprendió que debe hervir el agua antes de beberla para prevenir estos problemas.

La posta de salud de la comunidad cuenta con un generador, pero la falta de profesionales y recursos médicos es evidente. Los especialistas como psicólogos y matrones visitan el lugar solo una vez al mes, lo que dificulta el acceso a atención médica adecuada.

«Yo creo que hay mucha gente aquí que sufre de depresión y alcoholismo, se ve harto aquí en la isla y por lo mismo, por estar con tantos problemas, que no te pesquen, todas esas cosas, aquí tampoco hay mucho actividades con las que uno pueda salir a entretenerse, no hay nada», afirma María. “Es el sistema el que está mal, nosotros lo hemos peleado con el jefe de salud de la región, lo hemos hablado con él, pero nos dice que eso viene de más arriba, que eso no pasa por él. Es igual que nada, yo por lo menos ya no voy al psicólogo, para qué si no sirve.  No sirve que estés dos meses y te lo cambien”.

Por otro lado, en educación, la inestabilidad en el suministro eléctrico y la falta de tecnologías eficientes dificultan el acceso a recursos educativos y herramientas digitales. Las dificultades en la disponibilidad de luz y acceso a internet afectan la calidad de la educación impartida en la comunidad.

“No hace mucho atrás llegaron unas pizarras inteligentes, que eran bacanes porque el profe indicaba con un puntero, pero no funcionan si no hay luz o el internet, es horrible. Entonces quedaron arrumbadas esas cosas. Siento que los niños quedan más atrasados que el resto porque todas esas cosas se pierden”, opina María. 

Esto se hace aún más difícil cuando hoy en día, el acceso a la educación e información está intrínsecamente ligado a la electricidad y la tecnología. Según Catalina Amigo Jorquera, antropóloga social de la Universidad de Chile, como las herramientas esenciales dependen de la energía eléctrica y la pobreza energética limita este acceso, la educación se ve especialmente afectada en un mundo digitalizado. 

“Las pizarras interactivas se repartieron en gran parte de las aulas rurales de Chile, pero el problema es que no basta solamente con la tecnología. Es bueno que el Estado pueda proveer ese tipo de tecnologías en espacios que pueden estar un poco más desventajados en ese sentido. Pero como probablemente quienes toman esas decisiones viven en ciudades, donde no se corta nunca la luz, hay internet en todas partes y en general las personas están muy alfabetizadas digitalmente, no hay un cuestionamiento respecto de que la pizarra, por ejemplo, no puede ser utilizada porque hay mal acceso a internet, o porque se corta intermitente la luz. Por otra parte, también se deja de lado el conocimiento que deben  tener las personas que manejan la pizarra”, afirma la experta.

Rakela, CC BY-SA 4.0 , via Wikimedia Commons

El rol desproporcionado de las mujeres en la gestión energética 

Por otro lado, la pobreza energética no nos afecta a todos por igual. Mujeres y niñas, generalmente encargadas del trabajo doméstico no remunerado, se ven forzadas a permanecer una mayor cantidad de tiempo en sus hogares y, como consecuencia, experimentan en mayor medida la cotidianidad de las privaciones energéticas.

“Dado que las mujeres históricamente han sido asignadas a estas responsabilidades, tienen un vínculo más directo con los diversos servicios energéticos del hogar y, por lo tanto, sufren más las consecuencias de la pobreza energética”, explica Tamara Oyarzún, coordinadora ejecutiva de la Red de Pobreza Energética.

Cocinar, calentar, enfriar alimentos, iluminar las habitaciones, regular la temperatura, utilizar tecnologías para el ocio, el trabajo o la educación, e incluso calentar agua para el uso sanitario, son algunas de las tareas de las que las mujeres han estado tradicionalmente a cargo.

Según cifras del Instituto Nacional de Estadísticas, en Chile, en promedio, las mujeres a partir de los 12 años dedican 5.89 horas diarias a trabajos no remunerados, mientras que los hombres dedican 2.74 horas. Es decir, las mujeres, ya sean empleadas, desempleadas o inactivas laboralmente, dedican casi tres veces más tiempo a las tareas domésticas no remuneradas que sus contrapartes masculinas.

Esta dinámica conduce a que las mujeres pasen más tiempo en sus hogares, lo que las hace más vulnerables a los desafíos inherentes de la pobreza energética. Estos desafíos incluyen el frío o calor extremos debido a la falta de aislamiento térmico adecuado, problemas de humedad y moho en las paredes interiores, así como el uso de combustibles contaminantes para la calefacción y cocción. Estos factores, con el tiempo, ponen en riesgo tanto su bienestar físico como mental.

“Las mujeres no sólo pasan más tiempo en el hogar, sino que además utilizan más servicios energéticos, gastan más energía con el fin de asegurar el bienestar del núcleo familiar, y presentan una sobrecarga de trabajo dada la falta de corresponsabilidad en las labores domésticas. A su vez, las mujeres suelen cumplir el rol de cuidadoras, particularmente de niños y personas mayores, quienes también pasan gran tiempo en el hogar y son vulnerables a los efectos de la pobreza energética”, explica Tamara.

Además, otra brecha importante es la que se reconoce en espacios de tomas de decisiones en torno a temas energéticos. Según Catalina, hoy en día vemos que hay muchas más mujeres ocupando espacios de poder en distintos niveles, sin embargo, no basta con ocupar ese espacio, sino también que las mujeres puedan tener una participación efectiva en esos lugares.

“Claro, yo puedo ser presidenta de mi junta de vigilancia por ejemplo, pero si me toca ir a discutir con otras 10 juntas donde la mayoría son hombres, ocurre que la opinión no es tomada completamente en cuento, se ridiculiza o se banaliza. Se generan ciertas dinámicas en donde la opinión no se considera por factores asociados al género”, explica la antropóloga.

Aunque no es el caso de María, ella se encarga continuamente de enfrentar los problemas de sus vecinos en torno a la electricidad y agua potable. Además, es secretaria de la junta de vecinos y bomberos de la localidad. “A veces, las autoridades no nos prestan atención hasta que hacemos visible nuestro problema en redes sociales o mediante manifestaciones», cuenta María quien asegura no sentirse escuchada por las autoridades.

Un sistema eléctrico redundante y soluciones comunitarias

“Están muy enojados y justificadamente porque tienen un mal servicio”, opina el Seremi de Energía de la región de Aysén, Carlos Díaz, quien asegura que el futuro energético de Raúl Marín mejorará a partir del primer semestre de 2025 cuando estén conectados a la red del sistema mediano de Palena. “La gracia es que como es un sistema regulado, donde una distribuidora se encarga de entregar una calidad de servicio apropiada de acuerdo a la normativa,  ningún cliente puede tener más de cierta cantidad de horas de corte continuas, si no, le llega una multa a la distribuidora y tienen un rango de voltaje que tienen que cumplir”.

Además, por parte del Ministerio junto con el municipio de Cisnes, presentaron un proyecto ante la Subsecretaría de Desarrollo Regional y Administrativo para financiar la reposición del sistema de distribución local de Raúl Marín, gran parte del origen de la mayoría de los problemas eléctricos. “Tienen un sistema que está muy irregular, súper antiguo y como no hay una distribuidora que se haga cargo de la mantención porque no tienen el estándar de servicio que tendríamos en un sistema mediano no se han hecho las mantenciones que corresponden”, señala el Seremi.

Por otro lado, para las expertas consultadas, en la búsqueda de soluciones para abordar la pobreza energética y la vulnerabilidad territorial de Raúl Marín, surge la necesidad de contar con un sistema eléctrico resiliente y redundante, es decir, que la dependencia no sea exclusiva de una única fuente sino que se pueda confiar en varias.

Bajo este contexto, la posibilidad del uso de fuentes de energía renovables aparece como opción pero con desafíos significativos. Según Catalina, la planificación de sistemas energéticos locales debe considerar la posibilidad de combinar diversas fuentes para garantizar un suministro estable y sostenible. 

En este sentido, la capacidad de generar, reparar y mantener estas tecnologías se convierte en un aspecto clave. Es necesario forjar capacidades locales que permitan abordar las necesidades cotidianas de mantenimiento y solución de problemas, evitando la dependencia de recursos externos.

“El conocimiento sobre el manejo del petróleo para generadores es mucho más grande porque se ha usado durante años. Entonces la gente sabe, por ejemplo, hacer las reparaciones, las mantenciones, En cambio, con estas otras energías, una de las barreras es que todo es nuevo. La tecnología falla todo el rato y hay que estar reparando y manteniendo, entonces, cuando eso implica depender de personas externas al territorio, obviamente las personas van a preferir usar lo que saben usar y lo que han usado siempre”, explica la experta.

Sin embargo, para que Raúl Marín cuente con, por ejemplo, una central fotovoltaica, es difícil que se cuente con el financiamiento público necesario. Según el Seremi, dado que la Subdere ya está financiando la reposición del sistema eléctrico, los fondos probablemente no estarían disponibles. “Incluso, es probable que el Ministerio de Energía en el visto bueno que tiene que dar a nivel central, no lo haga porque como los van a conectar no se justifica tener un gasto fiscal. Entonces Raúl Marín es un caso bien particular”, opina la autoridad energética.

Por otro lado, según las expertas, cuando la localidad pase a ser parte del sistema mediano, se podría explorar la creación de cooperativas energéticas. “Imagina instalar paneles solares en techos públicos, como escuelas o edificios gubernamentales, para abastecer de energía a las comunidades. Esto no solo disminuiría el gasto energético, sino que incluso podría generar ingresos a largo plazo. Sin embargo, estas soluciones requieren colaboración entre la comunidad y el sector público”, agrega Tamara.

Por su parte, el Seremi asegura que las cooperativas son instancias que se quieren propiciar en la región y que este año se creó un fondo para que la gente pueda crear una. Según la autoridad esta opción reduciría la pobreza energética drásticamente e incluso se podría alcanzar la abundancia energética y descontaminar en gran medida.

“Afortunadamente en Aysén tenemos mucho potencial de generación con hidroelectricidad, con centrales chiquititas, no pensemos en Hidroaysén, ni en Río Cuervo, ni en esas mega centrales, estamos pensando en centrales cuyo generador se puede acarrear por una o dos personas en la mano, o sea, de ese nivel”, opina el representante del Ministerio de Energía.

En este rincón remoto, donde los hermosos paisajes naturales pintan un cuadro de tranquilidad, la falta de acceso constante y confiable a la electricidad se convierte en un recordatorio de los desafíos que enfrenta la comunidad. A pesar de estar acostumbrados a los cortes de energía y a los problemas de suministro eléctrico, los habitantes de esta isla se unen en su determinación de encontrar soluciones en medio de su aislamiento geográfico. 

La vida cotidiana de María es un testimonio de esta lucha, ya que se despierta cada día enfrentando las incertidumbres energéticas para ayudar a sus vecinos y dirigir el Comité de Agua y Luz.  En medio de la búsqueda de soluciones, la posibilidad de adoptar fuentes de energía renovable y la creación de cooperativas energéticas se perfilan como caminos hacia un futuro más brillante. 

Este texto fue producido con el apoyo de Climate Tracker América Latina

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