Fuerza, garra y determinación: El legado de Ladie’s Alpine Club, el primer club de escalada femenino del mundo
En 1907, en Londres, Inglaterra, una visión pionera se materializó cuando un grupo de mujeres dio origen a una iniciativa sin precedentes en la historia del alpinismo: la fundación del primer club exclusivamente femenino a nivel mundial, el «Ladies’ Alpine Club”.
Todo surgió a raíz de la creación del Alpine Club, un espacio reservado para hombres desde 1857. Sin embargo, esta exclusión no las detuvo, sino que encendió la determinación de Elizabeth Alice Frances Hawkins-Whitshed, más conocida como Lizzie Le Blond, la fundadora y primera presidenta del Ladies’ Alpine Club.
Elizabeth Alice Frances Hawkins-Whitshed, más conocida como Lizzie Le Blond | Fundadora y primera presidenta del Ladie’s Alpine Club.
Gina Alvarado, reconocida escaladora chilena de 67 años y docente deportiva en el Club Alemán Andino de Providencia (RM), opinó que “en aquella época fue una forma de abrirse camino, porque solo los hombres destacaban en la alta montaña. Si se revisa la historia de las ascensiones, son muy pocas las mujeres que aparecen”.
Lizzie Le Blond, nacida en Irlanda en 1860 en el seno de una familia aristocrática, fue una notable alpinista británica de finales del siglo XIX y principios del siglo XX. Desde muy joven, demostró una intensa pasión por la aventura y los deportes al aire libre, un ámbito predominantemente masculino en aquel entonces. Entre todas las mujeres alpinistas de su tiempo, ella fue quien disfrutó de las libertades que entonces se reservaban a los hombres.
Tras su matrimonio con un oficial suizo, se mudó a Suiza, adoptando el apellido Le Blond, donde comenzó su trayectoria como alpinista. Escaló más de 130 cumbres, muchas de gran dificultad y algunas por rutas inexploradas para mujeres. Con frecuencia colaboró con guías suizos en sus expediciones, documentando sus viajes a través de la fotografía y la escritura.
Además, escribió siete libros de montañismo con voz firme y femenina, detallando vívidamente sus experiencias de primera mano. Algunos títulos son «Mi hogar en los Alpes» (1892), «Aventuras en el techo del mundo» (1907) y «La historia de un invierno alpino» (1907). Su relato directo de la escalada invernal al Monte della Disgrazia (3678 m) comienza celebrando los logros de otras mujeres.
Por otro lado, fue una de las pioneras de la fotografía de montaña y capturó miles de imágenes que enriquecieron sus propias publicaciones y las de otros. También incursionó en el cine, filmando carreras de bobsleigh, trineos y patinaje en Suiza, lo que la erige como una de las primeras cineastas y la primera cineasta de montaña de la historia.
Expediciones de Lizzie Le Blond.
Su propósito fue crear un espacio exclusivo para mujeres alpinistas, fomentando el intercambio de experiencias, técnicas y conocimiento de rutas, con el objetivo final de promover el desarrollo de la mujer en el ámbito del alpinismo.
Desde sus inicios, el club contó con figuras pioneras como Lizzie Le Blond, su primera presidenta, junto a la intrépida Eleanor Winthrop Young y la elocuente Dorothy Pillet, quien más tarde escribió el influyente libro «Climbing Days».
Las integrantes fundadoras poseían una sólida experiencia como alpinistas consumadas, con numerosas ascensiones notables en su haber a través de los Alpes, los Pirineos y otras cordilleras europeas. Por lo tanto, esta no fue una organización de carácter ornamental, sino un grupo activo y competente de mujeres expertas en la escalada técnica y el alpinismo de alta exigencia.
Dentro de un entorno intrínsecamente competitivo y donde los hombres ocupaban la mayoría de los espacios, las mujeres a menudo se veían obligadas a proyectar una imagen de fortaleza inquebrantable frente a sus pares masculinos. Gina Alvarado, con más de 30 años de trayectoria en esta disciplina, recordó cómo afrontaba esa situación:
“En esa época te encontrabas con hombres que no confiaban absolutamente en ti. La situación era difícil porque no te enseñaban a hacer las cosas, solo tenías que observarlos, estar atenta y aprender por ti misma. Por otro lado, el arnés era de cuerda y cuando pasaba por el cuerpo, dolía mucho. Me quejaba sola después, pero ante los hombres nunca; jamás demostré inseguridad”, mencionó.
Elizabeth Alice Frances Hawkins-Whitshed, más conocida como Lizzie Le Blond | Fundadora y primera presidenta del Ladie’s Alpine Club.
Fue así como las mujeres de la época trazaron el camino, alentando a otras a vencer sus propios miedos y a explorar las alturas. En el caso particular del Ladies’ Alpine Club, su espíritu aventurero las llevó a organizar numerosas ascensiones femeninas de montañas técnicas, e incluso primeras ascensiones absolutas, como lo demuestran ejemplos notables como Dorothy Pilley, quien ascendió el Dent Blanche y realizó la primera ascensión femenina del North Ridge del Dent d’Hérens en los Alpes suizos.
Otro caso fue el de Annie Smith Peck, referente contemporánea aunque no miembro directa, quien escaló el Huascarán en Perú a más de 6.700 m; y las múltiples ocasiones en que las mujeres del LAC lideraron rutas difíciles en el Monte Rosa, Matterhorn y Mont Blanc, evidenciando un dominio técnico equiparable al de sus pares masculinos, logros que contribuyeron a desafiar el estereotipo de la incapacidad física femenina para afrontar las condiciones extremas de altitud, frío y riesgo.
La audacia y el éxito de estas ascensiones por parte de las mujeres del Ladies’ Alpine Club tuvieron un impacto significativo en la percepción social de las capacidades femeninas. En una época donde se creía firmemente que las mujeres eran inherentemente menos resistentes físicamente que los hombres, especialmente en entornos demandantes como la alta montaña, sus logros actuaron como una refutación contundente.
De hecho, sus objetivos iban más allá de los Alpes, impulsándolas a la exploración de otras cordilleras a nivel mundial. Tal fue el caso del Cáucaso, donde algunas integrantes se aventuraron entre Rusia y Georgia, realizando ascensiones técnicas escasamente registradas y tomando parte en expediciones científicas o de cartografía.
El Himalaya también se convirtió en un foco de interés. Si bien las grandes expediciones continuaban siendo lideradas por hombres, pioneras asociadas al club realizaron importantes reconocimientos y ascensiones preliminares en regiones de India y Nepal. Estas iniciativas sentaron un precedente crucial, anticipándose en décadas a la posterior conquista del Everest.
Además, las desafiantes rutas técnicas y los singulares paisajes de las montañas noruegas también atrajeron a las socias del LAC. Realizaron escaladas en regiones como Jotunheimen, enfrentándose a terrenos de hielo y roca en entornos menos explorados que los Alpes. Estas iniciativas demostraron que estas mujeres no se limitaban a las cumbres consideradas convencionalmente «apropiadas», sino que expandían activamente los horizontes del montañismo femenino.
Expediciones mixtas | Ladie’s Alpine Club y Alpine Club.
Finalmente, luego de varias décadas de operar de forma independiente, el Alpine Club británico comenzó a aceptar mujeres entre sus miembros. Así fue como recién en 1975, el Ladies’ Alpine Club se fusionó con el Alpine Club. Si bien esto marcó el final de su existencia como grupo aparte, significó la consolidación de la participación femenina dentro de la estructura institucional del montañismo británico.
En la actualidad, la memoria de estas pioneras sigue viva, sirviendo de ejemplo para las escaladoras que encuentran inspiración en su determinación, perseverancia y capacidad de superación. Su lucha por la igualdad derribó las barreras sociales y los prejuicios de una época que intentaba limitar su amor por la escalada.
Su audacia y tenacidad no solo les permitieron conquistar cumbres, sino también desafiar las convenciones de una sociedad que a menudo relegaba a las mujeres. Al hacerlo, sembraron semillas de cambio, inspirando a generaciones futuras de escaladoras a perseguir sus propias metas con valentía y sin las ataduras de los prejuicios.
La trascendencia del Ladies’ Alpine Club fue tal que motivó a otras mujeres a organizarse. En 1908, tan solo un año después de su fundación, tres alpinistas escocesas —Jane Inglis Clark, su hija Mabel Jeffrey y Lucy Smith— establecieron el Ladies’ Scottish Climbing Club, como respuesta a la exclusión femenina del Scottish Mountaineering Club. De este modo, la creación del LAC se convirtió, casi de inmediato, en un referente para mujeres con aspiraciones semejantes a nivel global.
“La participación de las mujeres cada día es mayor, y desde muy pequeñas comienzan a entrenar. A esa edad no sienten temor, porque los miedos comienzan a aparecer en la adolescencia”, mencionó Gina Alvarado.
Al mismo tiempo, añadió que “los hombres han cambiado, porque incluso, se dan cuenta de que hay mujeres que escalan mejor que ellos y eso me encanta. El hombre es bien respetuoso en relación a la escalada y a la fortaleza que tiene la mujer”.
Ladie’s Scotthis Club, Escocia 1908.
Así fue como el Ladies’ Alpine Club transformó profundamente la percepción de las mujeres en el alpinismo, validó sus logros técnicos mediante registros formales y publicaciones detalladas, a la par que reforzó su autonomía al permitirles liderar sus propias expediciones. La publicación de informes rigurosos de sus ascensos demostró su seriedad y capacidad.
Además, el club facilitó la formación de expertas al compartir conocimientos técnicos esenciales. Con ello, las alpinistas dejaron de ser consideradas meras acompañantes y comenzaron a ser consideradas montañistas profesionales y técnicas en igualdad de condiciones.
Así es como el espíritu del Ladies’ Alpine Club sigue vivo, resonando en las nuevas generaciones e infundiendo en las escaladoras la convicción de que los límites son mentales. Así es como su ejemplo nos recuerda que la pasión y la determinación pueden trascender cualquier barrera.
Gina Alvarado. De sus primeras escaladas en los 80’s en tradicional |@escala.gina
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