Entre petroglifos, aguas sagradas y memoria ancestral: el renacer turístico de Chusmiza, el tesoro oculto de la precordillera
Chusmiza, ubicado a más de 3.300 metros de altura en la Región de Tarapacá, es mucho más que un pueblo andino al norte de Chile: es un territorio ancestral que lucha por renacer. Este lugar, abandonado por el Estado pero sostenido y abrazado por su comunidad, hoy busca redefinirse como un destino turístico sustentable que pone en valor su historia, patrimonio y su recurso más preciado: el agua.
Y si estás pensando en conocer este rincón del altiplano, hay una buena noticia: gracias a una alianza entre Austerra Society y Hostal Altus, puedes obtener un 10% de descuento al reservar directamente en www.hostalaltus.cl usando el código AUSTERRASOCIETY10. El cupón no es acumulable con otras promociones y es válido para quienes deseen descubrir este destino a través de una experiencia respetuosa, consciente y transformadora.
Pueblo de Chusmiza | Región de Tarapacá.
Desde Hostal Altus -un proyecto impulsado por los propios habitantes- diseñan y organizan paquetes turísticos que combinan rutas de trekking en la precordillera, baños termales, visitas a vestigios arqueológicos y experiencias de saberes ancestrales.
Así, el turismo regenerativo se ha convertido en una herramienta para devolverle vida a un pueblo que, tras perder su planta embotelladora y gran parte de su población, hoy encuentra en esta actividad una vía para reconstruir su tejido social y económico.
Felipe Henríquez, director ejecutivo del proyecto Hostal Altus, comentó que “actualmente somos 20 personas que vivimos en Chusmiza y que tratamos de levantar el turismo en el pueblo. Para nosotros es fundamental, porque si no generamos economía, nadie va a estar aquí para proteger nuestro patrimonio cultural y natural”.
Desde 1938, el agua de Chusmiza fue embotellada por una empresa privada que registró los derechos sin considerar a la comunidad originaria. Tras un litigio de 15 años y un fallo de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, la comunidad logró recuperar sus derechos de agua, pero el cierre de la planta en 2005 provocó la caída del desarrollo local y la emigración de sus habitantes.
“Antes, gracias a la planta había más de 100 personas de la comunidad. Pero con su cierre, la cantidad de habitantes fue disminuyendo lentamente y el turismo desapareció por casi 20 años”, relató Felipe Henríquez.
Hoy, con apenas 20 residentes, Chusmiza renace gracias a iniciativas como el Hostal Altus, que promueven el turismo sustentable basado en el respeto por el patrimonio y la naturaleza.
“El hostal tiene cuatro años y nace con el objetivo de posicionar el destino mostrando nuestras termas naturales, trekking en la precordillera y la riqueza cultural del pueblo”, comentó.
Termas de Chusmiza.
El pueblo se sitúa en la ruta del Qhapaq Ñan, la antigua ruta inca, y no solo resguarda agua termal, sino también una herencia arqueológica invaluable. En medio de las montañas del altiplano chileno, este territorio alberga vestigios de la cultura precolombina que aún sobreviven al paso del tiempo: Entre ellos destaca un Pucará, antigua fortificación incaica, y una colección de 178 petroglifos tallados en piedra, cuyas figuras han sido estudiadas por especialistas de la Universidad Católica.
“Tenemos un patrimonio cultural gigante que no se está protegiendo. Si no hay gente viviendo aquí, no hay quien cuide esos vestigios. Por eso apostamos al turismo como herramienta para repoblar y sostener este lugar”, afirmó Felipe.
Las terrazas de cultivo que rodean el poblado son otro testimonio vivo del pasado. Aunque hoy solo algunos mayores las siguen usando, son símbolo del conocimiento ancestral que ha sustentado la vida en altura por generaciones.
“Chusmiza está a 3.300 metros y se usa como punto estratégico de aclimatación entre el altiplano y la zona desértica. Eso lo convierte en un sector único y atractivo para visitantes”, señala Felipe.
Trekking por la precordillera | Pueblo de Chusmiza, Región de Tarapacá.
La comunidad, consciente de que el turismo es la vía para repoblar y revitalizar el territorio, trabaja articuladamente con emprendedores locales y operadores turísticos, promoviendo la reciprocidad, un valor cultural aymara que refuerza los lazos sociales y económicos.
“Nosotros articulamos toda la oferta turística, incluyendo las termas, y colaboramos con tour operadores. Además, estamos haciendo campañas con prensa y creadores de contenido local para visibilizar Chusmiza”, afirmó Felipe en nombre del equipo de Hostal Altus.
En este proceso de reactivación, el enfoque no es turístico en el sentido tradicional: Aquí no hay grandes cadenas hoteleras ni paquetes impersonales. Todo está pensado para que el visitante conecte con el territorio, entienda su historia y se relacione de manera respetuosa con quienes lo habitan.
“Trabajamos bajo el principio del Ayni, que en la cultura aymara significa reciprocidad. Queremos que quienes vengan, se lleven algo más que fotos: que se lleven una experiencia, un aprendizaje, y que también aporten algo a cambio”, explicó Felipe Henríquez. Esta filosofía ha guiado diversas colaboraciones que han contribuido a la difusión del lugar.
De hecho, para septiembre, el equipo de Lugares que Hablan, conducido por Francisco Saavedra, visitará el pueblo. Para la comunidad, esta será una oportunidad clave para mostrar al país el valor de este rincón de la precordillera que resiste.
Hostal Altus, Chusmiza.
Sin embargo, el abandono y la falta de apoyo oficial por parte de los organismos competentes siguen siendo grandes obstáculos para la promoción y desarrollo del destino.
“Estamos en abandono por parte del Estado. Chusmiza no aparece en los mapas turísticos, y si salimos en prensa, es porque hubo algún crimen o algo negativo. Queremos cambiar esa narrativa, porque hoy somos invisibles para la mayoría”, sostuvo Felipe con firmeza.
Chusmiza invita a descubrir su historia y belleza mientras se posiciona como un ejemplo de turismo regenerativo y resistencia cultural, un lugar que no solo ofrece un paisaje, sino una experiencia auténtica de vida andina y legado ancestral.
Más allá de atraer turistas, lo que busca la comunidad de Chusmiza es recuperar la vida que alguna vez llenó sus calles. Donde antes hubo una embotelladora que daba empleo a cientos, hoy hay emprendimientos familiares, sueños en construcción y una apuesta decidida por la sustentabilidad.
“Queremos que los jóvenes que se fueron a la ciudad vuelvan a las tierras de sus abuelos. Que vean que aquí también se puede vivir, trabajar o tener un proyecto. Pero eso solo es posible si logramos generar una economía que sustente esa vida”, dice Felipe.
Y es que Chusmiza no solo es un paisaje de altura o un refugio de aguas termales: Es un lugar con memoria, con lucha, con futuro. Una comunidad viva que se levanta día a día para no desaparecer. Un destino que no solo merece ser visitado, sino también acompañado.
Pueblo de Chusmiza | Región de Tarapacá.
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