Sin monocultivos ni intermediarios: así funciona la Ecoferia de La Reina, un modelo comunitario que une alimentos orgánicos, vínculo humano y conciencia ambiental

por Ago 11, 2025Destacados, Portada

Con una trayectoria de casi dieciséis años, una plaza del sector oriente de Santiago se ha transformado en un espacio único. La Ecoferia de La Reina (@ecoferiadelareina) no solo ofrece productos 100% orgánicos certificados, sino una experiencia de encuentro para habitar el consumo, la tierra y los vínculos.

Su origen no responde a una estrategia comercial, sino a una inquietud compartida. Golde y Carmen -la primera siendo agricultora, y la segunda trabajadora social- trajeron a Chile esta iniciativa tras conocer ferias orgánicas en otros países. En su aterrizaje local, se propusieron conectar de manera directa a los productores con los consumidores, para derribar la idea de que lo orgánico era exclusivo para una minoría. Pronto, otros productores se sumaron, formando una asociación gremial autogestionada y autofiscalizada, con estándares concretos. Así, y sin excepciones, se empezó a comercializar alimentos orgánicos certificados y productos sustentables.

Hoy, la Ecoferia de La Reina encuentra su lugar en la Plaza Chile-Perú, donde funciona como un pequeño mercado diverso: hay verduras, frutas, cosméticos, textiles, y más. Todo producido por quienes están allí, detrás de cada puesto, sin intermediario ni sobreprecio. Esa trazabilidad directa es uno de sus sellos más potentes, no solo por lo que implica para la calidad del producto, sino por lo que genera en la relación entre quien produce y quien consume.

Es Daniela Valdés, encargada de comunicaciones de la Ecoferia de La Reina, quien lo logra resumir con claridad: “Como productores, cada uno de nosotros tenemos historia familiares, campos propios, vínculos con distintas comunidades y mucha trayectoria. Tú no solo compras algo, sino que además conoces a la persona que lo hizo, cómo y dónde”.

Créditos: Ecoferia de La Reina.

Créditos: Ecoferia de La Reina.

En la Ecoferia de La Reina conviven pequeños agricultores del norte y sur de Chile, jefas de hogares, artesanos textiles, emprendedores y familias completas. En muchos casos, los saberes que sostienen la producción son heredados y profundamente ligados al territorio. Por ejemplo, una agricultora comparte que su campo -en medio de zonas dominadas por prácticas convencionales- funciona como “un punto verde” que ha empezado a expandirse. A través de su trabajo ha demostrado que sí existe otra forma de producir. Así, su objetivo no solo ha consistido en alimentar, sino que en dejar una huella en su entorno.

Créditos: Ecoferia de La Reina.

Entre los diversos ecoferiantes presentes está Dinkenesh (@chocolateria_dinkenesh), una chocolatería de autor con 22 años de trayectoría. Renate Dockendorff, su fundadora, inició este proyecto en 2003 cuando su pasión por el cacao y el deseo de criar a sus hijos con mayor presencia se concretaron. “Por un lado tenía una gran afición hacia el mundo gastronómico, los sabores y los aromas. En particular, hacia el chocolate. Y por otro, sentía la motivación de trabajar desde mi casa para estar más presente con mis pequeños”, expresa.

La relación de la chocolatería Dinkenesh con la Ecoferia de La Reina -que comenzó en 2017- ha sido, en sus palabras, “revolucionaria de manera orgánica”, porque lo que inició como un punto de venta fue transformándose en una forma de vida. “Estar constantemente entre productos de calidad permea incluso a mis hijos. Por ejemplo, que puedan observar la evolución de un tomate orgánico que, si bien sí se descompone, no tiene agentes químicos y tiene realmente un sabor y un aporte nutricional infinitamente mejor”, afirma Renate.

El compromiso ambiental de Dinkenesh ha estado presente desde el origen: compostaje desde hace más de dos décadas y envases biocompostables certificados. Pero también existe un vínculo cotidiano con el resto de los ecoferiantes que se refleja en los trabajos en conjunto. A lo largo de los años, la chocolatería ha desarrollado productos con ingredientes cultivados por los mismos compañeros del lugar que comparten: higos, frutillas, membrillos, avellanas. “He buscado generar alianzas virtuosas con los productores, porque es una comunidad de la cual me siento muy bendecida de ser parte”, admite. Así, el trabajo de Dinkenesh se alinea naturalmente con el espíritu de la feria: producir con conciencia.

Créditos: Chocolatería Dinkenesh.

Créditos: Chocolatería Dinkenesh.

Créditos: Chocolatería Dinkenesh.

Ese mismo espíritu de colaboración atraviesa también la forma en que se cultiva, y es que en la base de todo está la tierra. La Ecoferia promueve una agricultura regenerativa que, además de evitar el daño, busca restaurar activamente los ecosistemas y devolverle vida al suelo. Esa regeneración parte por rechazar el monocultivo y los pesticidas, así como otros químicos. A su vez, el evolucionar la relación con la naturaleza y sus ritmos es un punto fundamental.

Es relevante mencionar que los alimentos que llegan a la Ecoferia son estacionales, cultivados sin apuro, cosechados en su punto óptimo de maduración. Y es así por una apuesta nutricional. En contraste con los supermercados que ofrecen -contra toda lógica natural- tomates en invierno o frutas constantemente brillantes, la Ecoferia trabaja con la idea de que el cuerpo, tal como la tierra, necesita lo que le corresponde en cada temporada. “Nuestros clientes se alimentan con nutrientes que sus cuerpos realmente requieren de acuerdo a cada estación del año. Por lo general, hoy en día ocurre que se necesita más cantidad de comida para satisfacer a una persona, pero es solo porque los alimentos vienen con poca nutrición, ya sea porque fueron manipulados por agroquímicos, preservantes, colorantes o aditivos”, explica.

Frente a una industria que prioriza el volumen, el bajo costo a cualquier precio y la durabilidad, la Ecoferia de La Reina sostiene otro estándar: cuidar el suelo, el aire, el agua y, por supuesto, a quienes son consumidores diarios. Muchos clientes llegan con enfermedades crónicas, alergias o un simple cansancio de una dieta alimenticia ineficiente, para luego devolverse de su visita con un gran impacto.

Créditos: Ecoferia de La Reina.

Créditos: Ecoferia de La Reina.

Lo que se ha formado en este entorno trasciende lo comercial. Hay vínculos que llevan años, amistades nacidas entre cajones de frutas, y saludos que se han convertido en abrazos. “Tenemos un grupo de amigos de la Ecoferia que intervienen en nuestras decisiones. Hay cumpleaños compartidos, conversaciones profundas, niños comiendo fruta directo del puesto, abuelos que se reúnen cada sábado en nuestra pequeña cafetería. Siento que este espacio de encuentro es incluso espiritual”, cuenta Daniela.

Asimismo, la Ecoferia ha hecho posible que consumidores de todas las edades conozcan los campos donde se produce lo que comen, y que esa experiencia se traspase. Hay un efecto espejo: inevitablemente, los valores que se promueven se contagian. Hay agricultores que han resistido en sus zonas rurales con prácticas regenerativas que inspiran a muchos más. Hay quienes incluso han comenzado a formar nuevas agrupaciones locales, convencidos de que producir sin dañar es un tema de urgencia.

Tal vez por eso la Ecoferia de La Reina no se presenta como un modelo cerrado, sino más bien como un ejemplo que podría replicarse. “Ojalá hubieran más en todas las regiones con los mismos estándares que tenemos. Pero no toda la gente está dispuesta a renunciar a los privilegios y a las comodidades en favor de una vida más consciente”, concluye Daniela.

Créditos: Ecoferia de La Reina.

Créditos: Ecoferia de La Reina.

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