Día Mundial de las Ballenas: Recordando la historia de cómo una grabación submarina del canto de las bellezas jorobadas las salvó de su extinción en la década de 1960
En los años sesenta, las ballenas aún no eran símbolos de conservación, más bien recursos para las industrias. “Lo único que se conocía de las ballenas era por la novela de Herman Melville ‘Moby Dick’. El tamaño de estos animales llevó a la gente a temerle”, explicó el biólogo marino Roger Payne en una entrevista con la BBC.
Mientras los arpones industriales perforaban el océano durante la década de 1960, la caza alcanzó cifras complejas: hasta 30.000 ballenas azules por temporada. La industria tenía más valor que el resto de la pesca combinada y la Comisión Ballenera Internacional permitía cuotas que, en la práctica, empujaban a estos animales hacia su extinción. El científico Payne sabía que el problema no era únicamente biológico, sino cultural, pues nadie protege lo que no conoce.
En 1967, en Bermudas, conoció al ingeniero acústico Frank Watlington, quien registraba sonidos submarinos con un hidrófono conectado a un cable a su embarcación. Payne se puso los audífonos y escuchó. “Me tomó completamente por sorpresa. Empecé a escuchar estos espectaculares y virtuosos despliegues musicales”, relató. El canto no solo se oía; se sentía como una vibración en el pecho.
Aquel descubrimiento cambió el enfoque de su trabajo. Payne empezó a estudiar estos patrones sonoros y detectó que no eran emisiones casuales. Entre los sonidos había algo distinto: secuencias prolongadas, potentes y complejas. “Cuando un animal repite algo de forma rítmica se dice, por definición, que es un canto”, afirmó. Así, concluyó que son organismos que algo desean expresar.
Fotografía por Robin Gwen Agarwal.
La experiencia fue más transformadora una vez decidió nadar con ellas. “Cuando una ballena te ve, inmediatamente se calla y empieza a investigarte de cerca. […] Que un animal tan grande te inspeccione así de cerca te llena de humildad”, relató. Bajo el agua, el canto lo sentía estremecedor.
En ese momento, Payne entendió que debía ir más allá que la ciencia: decidió lanzar un disco “Songs of the Humpback Whale” con aquellas grabaciones. El resultado fue tremendo. “Fue lo que hoy en día se llamaría ‘viral’. El disco primero se volvió oro y luego alcanzó estatus platino”, compartió el biólogo. Así, la grabación de naturaleza más vendida de la historia trató de escuchar a las ballenas.
El folleto que acompañaba el álbum explicaba el riesgo real de la extinción de estos cetáceos. “A partir de entonces, muchos países empezaron a formar organizaciones para salvar a las ballenas”, añadió. El canto, más que un hallazgo acústico, se convirtió en una herramienta poderosa. Incluso organizaciones como Greenpeace comenzaron a interponerse físicamente.
Por primera vez, millones de personas entendieron que lo que estaba desapareciendo no era un recurso, sino una vida submarina que pocos habían intentado comprender hasta esos años.
Décadas después de aquel disco que dio la vuelta al mundo, el mundo científico sigue intentando descifrar qué ocurre realmente bajo la superficie cuando una ballena canta. Dos estudios recientes publicados en Science y Science Advances revelaron que el canto de las ballenas jorobadas comparte patrones estadísticos con el lenguaje humano.
En particular, cumple con las leyes de Menzerath y Zipf, que son principios que explican por qué en nuestro lenguaje las palabras más frecuentes tienden a ser más cortas y por qué las estructuras largas se componen de unidades más breves. En resumen: eficiencia y organización.
Aunque hay un punto importante. “El canto de las ballenas no es un lenguaje, carece de significado semántico. Puede que recuerde más a la música humana, que también tiene esta estructura estadística, pero carece del significado expresivo que se encuentra en el lenguaje”, detalló Ellen Garland, investigadora de la Universidad de St. Andrews. De todas maneras, el hallazgo sugiere que este comportamiento cultural podría contener pistas sobre la evolución de la comunicación compleja en el mundo animal.
Fotografía por Michael Nolan.
Ahora se conoce que cada población de ballenas jorobadas tiene su propia canción. Todos los machos del grupo entonan la misma estructura, pero cada individuo introduce variaciones. En el Pacífico colombiano, por ejemplo, la bióloga marina Angie Murcia grabó más de 40 horas de cantos y confirmó que la canción local está compuesta por seis temas. También detectó fragmentos heredados de poblaciones lejanas, como Tonga y la Polinesia Francesa. “Las ballenas en algún punto se encontraron en el océano, no es claro dónde, y aprendieron algunos temas. Los copiaron y lo adquirieron para su propia canción”, explicó la científica.
Lo que inició como una grabación en los años sesenta, hoy se entiende como un fenómeno biológico profundo, con reglas y variaciones. Alrededor del mundo, su impacto fue emocional: las ballenas dejaron de ser consideradas como monstruos marítimos y empezaron a ser reconocidas como seres capaces de crear. Ese cambio de paradigma ayudó a frenar su caza industrial y a instalar el incentivo de proteger los océanos a nivel global.
Fotografía por Robin Gwen Agarwal.
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