Estudio liderado por académica de la Universidad Adolfo Ibáñez revela que el cerebro exige de la naturaleza para revertir el agotamiento digital

por Feb 2, 2026Medioambiente, Naturaleza, Portada

En un escenario marcado por pantallas, notificaciones constantes y largas jornadas laborales, descansar se ha vuelto una tarea compleja. Aunque muchas personas asocian el descanso con “desconectarse del trabajo”, la ciencia comienza a mostrar que el cerebro humano necesita algo más profundo y que reconectar con la naturaleza podría ser una posible solución.

Un reciente estudio científico encabezado por Constanza Baquedano, neurocientífica de la Escuela de Psicología de la Universidad Adolfo Ibáñez, sostiene que el cerebro no está diseñado para descansar frente a una pantalla. La investigación revisó más de un centenar de estudios internacionales y demostró que el contacto directo con entornos naturales activa mecanismos cerebrales de reparación que no pueden ser replicados por experiencias digitales, ni siquiera por simulaciones avanzadas.

El fundador de Patagonia, Yvon Chouinard, donó la propiedad de la compañía para combatir la crisis climática global

La evidencia recopilada muestra que la vida urbana y el uso intensivo de tecnologías mantienen al cerebro en un estado de alerta permanente. Este modo de funcionamiento, útil para responder a estímulos constantes, termina sobrecargando los circuitos asociados al estrés, la atención y la regulación emocional, generando fatiga mental sostenida.

Uno de los hallazgos más relevantes del análisis es la disminución de la actividad de la amígdala, estructura cerebral vinculada al estrés y la ansiedad, cuando las personas se exponen a entornos naturales. Esta reducción se traduce en una menor rumiación mental, es decir, menos pensamientos repetitivos asociados a preocupaciones y tensiones cotidianas.

Además, la observación de paisajes naturales genera cambios medibles en la actividad eléctrica del cerebro. Aumentan las ondas alfa y theta, asociadas a estados de calma, creatividad y atención relajada. A diferencia del descanso pasivo, este estado permite al cerebro mantenerse despierto sin estar sobreestimulado, favoreciendo una recuperación más profunda.

La naturaleza también cumple un rol clave en la restauración de la atención. Mientras las pantallas exigen un esfuerzo constante para filtrar información y tomar decisiones rápidas, los entornos naturales activan un tipo de atención más suave y espontánea. Esta característica permite que los circuitos cognitivos fatigados se recuperen sin esfuerzo consciente.

El estudio advierte que observar imágenes de naturaleza en dispositivos digitales no genera los mismos efectos. Aunque puede producir alivio momentáneo, la experiencia carece de la complejidad sensorial necesaria para activar plenamente los mecanismos cerebrales de restauración. La imprevisibilidad de los sonidos, los olores, las texturas y la profundidad visual del entorno natural resulta clave.

Incluso las tecnologías de realidad virtual, si bien muestran beneficios parciales, no logran igualar el impacto del contacto real con la naturaleza. Los datos indicaron que el cerebro responde con mayor intensidad cuando la experiencia es multisensorial y no mediada por pantallas, reforzando la idea de que la simulación no reemplaza la vivencia directa.

Estos hallazgos adquieren especial relevancia en un contexto global donde el agotamiento digital, la ansiedad y los trastornos asociados al estrés van en aumento. La investigación plantea que el acceso a espacios naturales no debería entenderse como un lujo, sino como un factor fundamental para la salud mental y el bienestar colectivo. 

En definitiva, en tiempos de hiperconectividad, la naturaleza emerge como un verdadero “reinicio” para el cerebro humano. 

El fundador de Patagonia, Yvon Chouinard, donó la propiedad de la compañía para combatir la crisis climática global

Últimas Historias