IV Semana del Flamenco en San Pedro de Atacama: Sembrando el futuro con educación, ciencia, conservación y patrimonio cultural
Por cuarto año consecutivo, San Pedro de Atacama, la mágica comuna ubicada al norte de Chile en la Región de Antofagasta, se convirtió en el epicentro de una experiencia transformadora: la campaña científico-educativa del Programa de Conservación del Flamenco Altoandino. Entre el 21 y el 25 de abril del presente año, la zona vibró con una conexión profunda entre la ciencia, los saberes ancestrales, la rica cultura local, la educación ambiental y una creciente conciencia por el cuidado de nuestro planeta.
Estas instancias subrayan la vital importancia de potenciar la educación ambiental en un territorio donde el flamenco es un emblema de la delicada salud de los ecosistemas altoandinos; empoderar a las comunidades a través del conocimiento es un pilar fundamental para su protección a largo plazo.
Durante esos días, la conexión entre el flamenco y su territorio se hizo tangible gracias al compromiso de la alianza entre Filantropía Cortés Solari, a través de su Reserva Elemental Puribeter, con el Zoo Nacional de Parquemet y la Asociación Americana de Zoológicos y Acuarios (AZA) con su programa SAFE (Saving Animals From Extinction).
Consciente de su rol esencial en la localidad de San Pedro de Atacama, Filantropía Cortés Solari tomó la importante decisión en 2021 de incorporar al flamenco como un Objeto de Conservación fundamental dentro del Plan de Conservación de la Reserva Elemental de Puribeter.
Por otro lado, un aliado fundamental en esta labor es la comunidad Lickanantay de Toconao, cuya administración de la reserva garantiza la protección de este valioso ecosistema desértico frente a las crecientes presiones ambientales: Su trabajo es esencial para la conservación del flamenco y su hábitat.
Así fue como en el marco de la Semana del Flamenco, se desarolló un programa centrado en la investigación que contempló la ejecución de actividades científicas en diversas áreas de la Reserva Nacional Los Flamencos, donde se monitorearon las poblaciones de la especie y se realizaron marcajes para facilitar su seguimiento en el futuro.
En el corazón del Altiplano chileno, una semilla de conciencia ambiental está germinando en las nuevas generaciones: El programa «Embajadores de los Flamencos Altoandinos», una iniciativa conjunta del Zoo Nacional y Filantropía Cortés Solari, constituye un ejemplo inspirador para la conservación de la especie tanto a nivel nacional como internacional. Este proyecto se desarrolla a lo largo del año y cuenta con la valiosa colaboración de profesoras que, con gran generosidad, han ofrecido su tiempo, energía y disposición para trabajar en conjunto dentro del horario escolar.
En paralelo a la investigación científica, el programa educativo «Embajadores de los Flamencos Altoandinos» se implementa en las escuelas E-26 de San Pedro de Atacama y la Escuela de Toconao. Esta iniciativa, liderada por educadores del Zoo Nacional y Filantropía Cortés Solari, se dirige a estudiantes de 4º básico y enfatiza en la importancia de educar desde el territorio.
Desde que inició, más de 800 individuos, incluyendo alumnos, miembros de la comunidad y operadores turísticos locales, han adquirido conocimientos sobre los flamencos y su conservación, y la participación estratégica de Filantropía Cortés Solari en 2022 fortaleció significativamente el equipo educativo del proyecto.
Mauricio Rodríguez, director del Centro Educacional Toconao, mencionó que su misión como establecimiento es que “los estudiantes no solamente tengan conocimientos matemáticos o de lenguaje, sino que también de sus costumbres o tradiciones, y sobre todo, que conozcan muy bien el lugar que viven”.
Así mismo, la mañana del jueves 24 de abril fue especial para los estudiantes de 4º básico de la Escuela de Toconao: Francisca Cortés Solari (Presidenta Ejecutiva de Filantropía Cortés Solari y Reservas Elementales) junto a Joey Powell (Directora del Zoo Dickerson Park y copresidenta de SAFE Flamencos Altoandinos), hicieron la entrega oficial de sus insignias, un momento que marcó el inicio de su importante rol como futuros guardianes de los flamencos en el territorio.
“Es muy bonito acompañar un proceso tan largo con niños (…). Pasaron desde la emoción de jugar y de imaginarse un poco la vida de los flamencos, su comportamiento y amenazas, a tener un discurso mucho más elaborado cuando grandes”, mencionó Sara Undurraga.
A lo largo del programa se ha observado una notable transformación en la perspectiva de los pequeños. A medida que profundizaban en el conocimiento del flamenco y su entorno, su discurso evolucionó hacia una postura mucho más crítica y reflexiva. Los estudiantes han logrado comprender las diversas amenazas que acechan a estas aves y desarrollaron una profunda conciencia sobre la intrínseca relación entre la salud del medioambiente y la supervivencia de la especie, lo que los empoderó para articular la importancia de su protección con una visión informada y comprometida.
Dada la relevancia turística de la zona, que atrae a miles de visitantes internacionales fascinados por los flamencos y el paisaje altiplánico, se volvió crucial acercar este conocimiento a los niños locales. Educar a los pequeños de San Pedro y Toconao sobre este patrimonio natural único no solo los distingue de otros estudiantes del país, sino que también los empodera como futuros educadores de los propios turistas, fomentando un orgullo por su entorno.
“Pasó que cuando fuimos al Salar, varios de los estudiantes de la Escuela de Toconao y San Pedro nunca habían visto un flamenco, y esta es una zona súper turística, donde las personas vienen de afuera precisamente a eso, a recorrer el lugar y a conocer. Entonces, para nosotros fue súper positivo tener la oportunidad de facilitar esa experiencia para que los estudiantes pudieran conocer este esta especie que es maravillosa y que se encuentra en su territorio”, comentó Sara Undurraga.
Los propios estudiantes y apoderados del complejo resaltan la singularidad de su comunidad, profundamente arraigada a su entorno natural. A diferencia de otras localidades del país, sus raíces ancestrales los vinculan de manera especial con el agua, la tierra y la fauna local. En este contexto, iniciativas como el programa de embajadores fortalecen aún más ese lazo, fomentando un sentido de pertenencia y responsabilidad hacia su patrimonio natural.
Al empoderar a los niños de San Pedro de Atacama como protectores activos de su entorno, este programa no solo educa sobre la fascinante vida de los flamencos, sino que también cultiva una profunda conexión con la naturaleza, esencial para forjar un futuro más sostenible y consiente.
El «Programa de Conservación de los Flamencos Altoandinos», liderado por el Zoo Nacional desde 2017 y que cuenta con la valiosa incorporación de Filantropía Cortés Solari desde hace cuatro años, tiene como objetivo primordial la preservación de estas emblemáticas aves en su hábitat de la Reserva Nacional de Flamencos.
Francisca Cortés Solari, presidenta ejecutiva de Filantropía Cortés Solari, mencionó que “es muy importante trabajar por la conservación de especies que están en peligro de extinción o en estado vulnerable, sobre todo en los territorios donde están nuestras reservas elementales como es el caso de Puribeter, en San Pedro de Atacama, zona donde habitan tres tipos de flamencos que son aves emblemáticas para los pueblos atacameños y de tremenda importancia para el ecosistema”.
De las actividades realizadas en el marco de la “Campaña Flamencos Altoandinos 2025”, destacan la instalación de transmisores satelitales en las especies, la realización de exámenes de salud a las aves y la implementación de talleres educativos dirigidos a las escuelas locales.
Durante la Semana del Flamenco 2025, el equipo multidisciplinario del Zoo Nacional, integrado por biólogos, médicos veterinarios y guardafaunas especializados en ornitología, instaló cuatro transmisores satelitales en la Laguna Chaxa, dentro de la Reserva Nacional de Flamencos, y se equiparon dos flamencos de James y dos andinos con esta tecnología.
Una de las herramientas fundamentales del programa es el seguimiento satelital de las especies. Estos dispositivos, con un peso aproximado de tan solo 30 gramos, no representan una amenaza para las aves y recopilan y transmiten datos cruciales sobre su ubicación, así como su velocidad y altitud de vuelo. Además, poseen una vida útil considerable, que va entre los 5 y 7 años.
Desde su inicio hasta la fecha, se han instalado un total de 24 equipos de monitoreo en diversos ejemplares, estrategia que ha permitido obtener información valiosa para comprender sus patrones de hábitat, sus rutas migratorias e identificar potenciales amenazas en sus áreas de anidación, reproducción, refugio y alimentación.
De hecho, durante la semana, los científicos alcanzaron un nuevo hito en el estudio de flamencos con la instalación de cuatro transmisores. Sin embargo, dos de ellos fueron colocados simultánemente, algo completamente inusual, llevando el total de aves monitoreadas a un récord de 24 en Sudamérica.
Gracias a los datos recopilados a través de los transmisores satelitales en los últimos años, se han identificado más de 100 sitios prioritarios para la conservación de los flamencos altoandinos. Si bien Chile cuenta con lugares tradicionalmente reconocidos como el Monumento Natural de Surire, la Reserva Nacional Los Flamencos y el Parque Nacional Nevado Tres Cruces, el monitoreo ha revelado la importancia de sitios ubicados en países vecinos como Bolivia, Perú y Argentina, ampliando la perspectiva de conservación a nivel regional.
Según Guillermo Cubillos, director Proyecto de Conservación del Flamenco Altoandino y encargado de la unidad de Educación, Conservación e Investigación del Zoológico Parquemet, “el desafío más importante es que la mayor parte de estos sitios están al otro lado de nuestra cordillera, es decir, fuera de Chile, lo que implica esfuerzos adicionales para crear acciones de conservación de tipo trasnacional”. A su vez, añadió que “estos animales no reconocen límites geográficos o políticos, sino que más bien, ellos utilizan el ambiente. Su rango de hogar es tremendamente grande”.
Durante la campaña, los científicos también recolectaron muestras biológicas para la detección de enfermedades como la influenza aviar y el Newcastle. Adicionalmente, se realizaron exámenes para determinar el sexo de los individuos y evaluaciones físicas completas, que incluyeron la medición del peso y la valoración del estado general de cada flamenco. Los resultados de estas evaluaciones indicaron que las aves se encontraban en buenas condiciones corporales.
Un hito destacable de la campaña de abril de 2024 fue la colocación, por primera vez, de un transmisor en un flamenco chileno (Phoenicopterus chilensis). Este logro amplía la representatividad de las especies bajo seguimiento, proporcionando una visión más completa de los movimientos de las tres especies presentes en la región.
La información obtenida evidencia claramente los patrones de desplazamiento de los flamencos entre los humedales de mayor extensión. Comprender estas conexiones es vital para asegurar la conectividad genética entre las poblaciones de flamencos, lo que a su vez fortalece su resiliencia a largo plazo.
Para Guillermo Cubillos, más allá del crucial levantamiento científico que implica el seguimiento satelital, la conservación efectiva de los flamencos altoandinos y su entorno depende intrínsecamente de la vinculación con las comunidades y las personas.
“Recordemos que la conservación no es solamente conocer aspectos científicos de una especie, sino, es gestión”, mencionó. A su vez, añadió que es de suma importancia abordar la forma en la que se desarrolla el turismo en la zona, cómo se regulan las actividades humanas y su potencial impacto ambiental, y cómo se promueve un uso sostenible de los recursos, especialmente en ecosistemas tan sensibles, para asegurar que no afecten a los flamencos, y que “son desafíos que para nosotros son importantes y que contribuyen a que esto se haga de manera más sostenible”.
El IV Festival del Flamenco, una vibrante celebración que tuvo lugar el viernes 25 de abril en la Reserva Elemental Puribeter, marcó el cierre de una semana dedicada a la conservación de esta emblemática especie.
Este evento congregó a miembros de todas las edades de las comunidades locales, creando un espacio de aprendizaje y profunda concientización sobre la crucial importancia de proteger al flamenco altoandino en su propio territorio.
A través de enriquecedoras charlas educativas e instancias de diálogo facilitadas por expertos del Zoo Nacional, Filantropía Cortés Solari y CONAF, los asistentes pudieron profundizar su comprensión sobre estas aves. Por su parte, los guardaparques de la Reserva Nacional Los Flamencos compartieron su valiosa perspectiva sobre la esencial labor que desempeñan en la conservación de este importante espacio.
Las voces y experiencias de los representantes de las comunidades locales ocuparon un lugar central en el festival, generando un diálogo significativo y enriquecedor que resonó entre todos los presentes.
Finalmente, la jornada cerró con broche de oro, donde la música y los bailes típicos del norte del Chile llenaron de alegría y celebración a todos los presentes, marcando un final memorable.
Si bien los avances en la conservación del flamenco altoandino durante los últimos años han sido significativos, marcando un progreso tangible en el conocimiento de la especie y su protección en el territorio, aún queda un largo camino por recorrer.
La Reserva Elemental Puribeter, latitud 22 en el Ayllú de Beter, San Pedro de Atacama (Región de Antofagasta), es una de las tres reservas de Filantropía Cortés Solari, donde se realizan actividades educativas, turísticas y de conservación.
Como equipo son consientes de la complejidad de los desafíos ambientales y la necesidad de una gestión continua y adaptativa exigen un compromiso constante y renovado:
«Los flamencos habitan estos ecosistemas desde hace millones de años, por lo que su conservación es crucial. Son pocos los lugares en el mundo con estas características únicas, y Chile alberga uno de los más importantes, el cual debemos proteger», mencionó Francisca Cortés Solari, presidenta Ejecutiva Filantropía Cortés Solari.
Es por ello que la consolidación de estrategias de monitoreo científico avanzado, como el seguimiento satelital, y el fortalecimiento de lazos con las comunidades locales sientan bases sólidas para el futuro.
Estos pequeños guardianes representan la promesa de un futuro donde la protección del flamenco y de los valiosos ecosistemas altoandinos sea una prioridad arraigada en la comunidad, asegurando así la continuidad de los esfuerzos de conservación a largo plazo.
El programa educativo tiene un ciclo anual, al término del cual se evalúa la continuidad con los mismos cursos o la incorporación de nuevos niveles inferiores. Sin embargo, existe un interés en mantener la conexión con los estudiantes que participaron en años anteriores, especialmente aquellos que completaron un ciclo de tres años.
Sara Undurraga, educadora del proyecto y que ha trabajado directamente con los pequeños de la Escuela de Toconao y E-26 de San Pedro, mencionó que están explorando la elaboración de actividades conjuntas, donde los estudiantes con más experiencia puedan compartir su aprendizaje con los más jóvenes, fortaleciendo así el vínculo intergeneracional y la continuidad del programa.
“La idea es que este año también ellos puedan ser partícipes del aprendizaje de los más pequeños. Entonces, de alguna manera, queremos crear alguna actividad donde los más grandes les enseñen a los más chicos, y así seguir vinculándolos con otros”, añadió.
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