Rehabilitación, liberación y monitoreo: el rol clave del Proyecto Manku en la conservación del cóndor andino

por Jul 7, 2025Destacados, Medioambiente

En el marco del Día Mundial del Cóndor Andino, que se conmemora cada 7 de julio, cobra especial relevancia visibilizar las iniciativas que trabajan por la conservación de esta emblemática ave, actualmente clasificada como “Vulnerable” por la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN). En Chile, uno de los esfuerzos más significativos es el Proyecto Manku, una alianza colaborativa entre Filantropía Cortés Solari, la Unión de Ornitólogos de Chile y Rewilding Chile, vigente desde 2019.

Desde sus inicios hasta la fecha, el equipo ha logrado liberar un total de 19 cóndores andinos: 13 en la zona central de Chile y 6 en la Patagonia. De estos, 13 han sido equipados con transmisores satelitales, permitiendo un seguimiento exhaustivo de su adaptación al entorno natural y aportando datos clave para la investigación y conservación de la especie.

Cortesía de Filantropía Cortés Solari. 

Eduardo Pavez, director del Proyecto Manku, habló sobre la importancia de la iniciativa, porque “representa un modelo de conservación colaborativo que permite abordar de forma integral la rehabilitación, reproducción en cautiverio y liberación del cóndor andino, una especie clave para los ecosistemas altoandinos y profundamente simbólica para nuestro país”. 

El corazón operativo del Proyecto Manku es el Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces (CRAR), ubicado en Talagante, una iniciativa pionera que desde 1991 se dedica al cuidado de aves rapaces diurnas y nocturnas.

En el marco de esta alianza, el centro ha concentrado sus esfuerzos en la recuperación del cóndor andino a través de procesos de rehabilitación, reproducción en cautiverio y liberación asistida, integrando además investigación científica y programas de educación ambiental.

El proceso de reinserción de cóndores en su hábitat natural es meticuloso y requiere tiempo, especialmente en el caso de aquellos que llegan al centro siendo pichones y sin experiencia de vuelo.

La primera etapa se realiza en el Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces en Talagante, donde las aves son sometidas a una evaluación física y conductual.  Este trabajo se lleva a cabo en grandes jaulas voladoras aisladas de las personas, que permiten evaluar su capacidad de vuelo y su interacción con otros ejemplares.

Una vez que los cóndores están en condiciones óptimas, son trasladados a alguno de los centros de preliberación del proyecto: la Reserva Elemental Likandes, de Filantropía Cortés Solari, ubicada en Cajón del Maipo, o el Parque Nacional Patagonia, en Aysén, gestionado por Rewilding Chile.

Francisca Cortés Solari, fundadora y presidenta de Filantropía Cortés Solarí, mencionó que “proteger al cóndor andino es resguardar el ecosistema natural y patrimonio cultural de la cordillera de Los Andes. Él es un símbolo de América Latina”.

En estos entornos naturales controlados, los cóndores pasan cerca de dos meses en grandes jaulas de preliberación adaptándose al paisaje, fortaleciendo sus vínculos de grupo y desarrollando las habilidades necesarias para sobrevivir en libertad.

Cortesía de Filantropía Cortés Solari. 

Los cóndores liberados son monitoreados mediante transmisores satelitales y de radio, lo que permite hacer un seguimiento intensivo durante los primeros meses, cuando aún dependen de la provisión de alimento. Este monitoreo no solo garantiza su adecuada adaptación, sino que también entrega información valiosa sobre su comportamiento, desplazamientos y necesidades ecológicas. 

Por otro lado, los ejemplares que no pueden ser liberados porque presentan lesiones irreversibles pero mantienen su capacidad reproductiva, conforman parejas en el CRAR. Sus crías, nacidas en cautiverio, también son integradas a los procesos de liberación, ampliando así el impacto del programa.

A pesar de los avances, el trabajo diario en el centro no está exento de dificultades. El manejo de los cóndores, la mantención de la infraestructura, la alimentación, el cuidado veterinario y el seguimiento de los ejemplares liberados son tareas constantes que demandan un alto nivel de dedicación técnica y humana. 

“Para nosotros, todos los días son el Día del Cóndor. Nuestra vida está dedicada a las aves rapaces, y en particular a los cóndores. El trabajo es arduo y desafiante, y eso no cambia nunca”, comentó Pavez.

Cortesía de Filantropía Cortés Solari. 

En paralelo, el equipo realiza un monitoreo activo en vida libre, rastreando a los cóndores que han sido liberados e identificando sus zonas de congregación, conocidas como buitreras o condoreras.

Este seguimiento también ha permitido detectar diversas problemáticas que amenazan a la especie, la cual está catalogada como “Casi amenazada” en Chile y como “Vulnerable” a nivel global por la UICN. 

Según Pavez, “si las poblaciones de cóndores en Chile y Argentina caen, se compromete la supervivencia de la especie a nivel global”, ya que estos dos países concentran el grueso de la población andina.

Entre las amenazas más críticas se encuentran la falta de alimento, producto de la desaparición progresiva de la ganadería extensiva y de la cultura arriera; la presencia de parques eólicos en zonas de vuelo; y acciones humanas directas como disparos y el uso de cebos envenenados.

Por otro lado, en la zona central, algunos cóndores han debido recurrir a rellenos sanitarios para alimentarse ante la escasez de carroña en la montaña. 

Todos estos factores son monitoreados por el equipo del proyecto con el fin de diseñar estrategias de conservación acordes a las amenazas reales que enfrenta la especie, tanto en Chile como en Argentina, con quienes mantienen una coordinación estrecha. 

“Los cóndores recorren hasta 800 kilómetros a lo largo de la cordillera. Para ellos no existen fronteras administrativas, por eso nuestra estrategia también debe ser binacional. Nuestro proyecto busca no solo fortalecer las poblaciones en Chile, sino también colaborar con programas de conservación fuera del país, agregó el experto. 

En ese sentido, el Proyecto Manku también ha establecido vínculos con Colombia, donde el cóndor está al borde de la extinción. Ya se han enviado ejemplares desde Chile para formar núcleos reproductores en cautiverio con miras a su futura liberación, y se espera que próximamente, un pichón nacido en Colombia, hijo de cóndores chilenos, sea liberado en los Andes colombianos.

Esta colaboración técnica refuerza la responsabilidad compartida en la conservación del cóndor andino a lo largo de toda su distribución en América.

Cortesía de Filantropía Cortés Solari. 

Tres organizaciones, un objetivo en común: proteger al cóndor andino

El éxito del Proyecto Manku radica en la colaboración estratégica entre tres actores clave, cada uno aportando desde su área de expertise y recursos para garantizar la conservación del cóndor andino, principalmente en Chile. 

Por un lado, Filantropía Cortés Solari es fundamental en el financiamiento del funcionamiento diario del Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces en Talagante. Además, ha invertido en la adquisición de transmisores satelitales, equipos de alta tecnología indispensables para el seguimiento detallado de los cóndores liberados. 

También facilita el uso de su centro de preliberación en la Reserva Elemental Likandes, ubicado en Cajón del Maipo, donde las aves pasan la última etapa antes de su liberación en un ambiente que favorece su adaptación sin generar dependencia humana.

Cortesía de Filantropía Cortés Solari. 

Por su parte, Rewilding Chile juega un papel fundamental en la conservación del cóndor andino en la región austral del país. Además de administrar el centro de preliberación ubicado en el Parque Nacional Patagonia, esta organización aporta una profunda experiencia en la restauración de ecosistemas y manejo de áreas protegidas. Su trabajo asegura que los cóndores liberados puedan adaptarse y sobrevivir en ambientes naturales complejos y de gran biodiversidad. 

También colabora en el monitoreo satelital de las aves, proporcionando información clave sobre sus desplazamientos y comportamiento en libertad. Su compromiso con la protección integral del hábitat natural es vital para el éxito y la sostenibilidad del Proyecto Manku en el sur de Chile.

Finalmente, la Unión de Ornitólogos de Chile y el Centro de Rehabilitación de Aves Rapaces actúan como el vínculo técnico y operativo entre ambas organizaciones. Su rol es vital para coordinar las labores de rehabilitación, reproducción y liberación, además de aportar el conocimiento científico que sustenta el proyecto.

En palabras de Eduardo Pavez: “Somos el nexo que une y potencia el trabajo de todas las organizaciones, aportando el rigor técnico necesario para el éxito del programa”.

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