¡Tremendo! Más de 13 mil kilómetros pedaleando, ocho fronteras y una sola meta: el desafiante viaje de Jin, el chileno que recorre América en bicicleta rumbo a Alaska
El viaje de David Jin (@jindelahoja) comenzó mucho antes del día en que se subió a su bicicleta en Rengo, el 29 de julio de 2023. En realidad, todo inició a sus 19 años cuando tenía una persistente inquietud por moverse, conocer y salirse de su rutina establecida. En ese tiempo recuerda haber visto una película que le mostró otras formas de habitar el mundo; una idea que se mantuvo latente, esperando el momento adecuado.
Criado entre Santiago y Rengo, un pueblo ubicado a 118 kilómetros al sur de la capital, Jin encontró en el campo su primer vínculo con la naturaleza. Mudarse a los diez años le significó caminar por cerros y pasar tiempo al aire libre. Tiempo después y sin muchos recursos, trabajó un verano en la zona y ahorró lo justo y necesario para comprarse una bicicleta -que no estaba pensada para largas travesías-. La equipó con bolsos baratos y partió rumbo a la Carretera Austral. “Estuve todo el viaje cosiendo parte del equipamiento”, sonríe al pensar en su ingenio.
Esa primera expedición fue determinante a raíz de un encuentro fortuito en Puyuhuapi, un pequeño poblado patagónico. Mientras armaba su carpa, otro cicloviajero se instaló a su lado. Jin ya llevaba 600 kilómetros en sus piernas y se sentía invencible. El desconocido le preguntó dónde había iniciado su recorrido. Tras responderle y devolverle la misma pregunta, le compartió que él venía desde Alaska y ya llevaba cerca de 14.000 kilómetros en el cuerpo.
El contraste fue brutal. “En ese momento la cabeza me explotó”, añade Jin. Pero lo que terminó de marcarlo no fue la distancia. Lo primero que hizo en ese instante fue preguntarle si él era feliz. La respuesta no fue verbal: “Lo miré a sus ojos y se veía una persona viva, en el presente, muy en el aquí”, recuerda. Ese día entendió que ese viaje tenía que cumplirlo y no como un desafío físico, sino como una forma de vivir el mundo.
Créditos: David Jin.
Transcurrió una década entre ese encuentro y el inicio de su propia travesía. Tras estudiar, juntar recursos y prepararse mentalmente, finalmente partió. Hoy Jin tiene 31 años y lleva dos años y cinco meses pedaleando por América. Con más de 13.000 kilómetros recorridos, ocho fronteras cruzadas y otras ocho aún por delante, su camino hacia Alaska se mantiene con la misma convicción que el primer día.
A diferencia de muchos viajeros contemporáneos, parte importante del viaje lo hizo sin compartir nada públicamente. “No comencé esto para crear contenido”, admite. Recién con su llegada a Perú decidió abrir un canal de YouTube, más por necesidad personal que por visibilidad. “Pasaba mucho tiempo solo pensando; eran demasiadas horas estando en mi cabeza. Entonces se me ocurrió hacer algo al respecto”, comenta. Así, crear videos, editarlos y narrarlos se transformó en su manera de mantenerse en equilibrio.
Su formación en ecoturismo y experiencia como guía de buceo, se refleja en el modo en que pedalea los territorios, pues dedica tiempo importante para habitar cada uno de los países que atraviesa. Se permite desvíos largos, estancias prolongadas y pausas espontáneas. En Bolivia, por ejemplo, se quedó seis meses. No tenía prisa. “Para eso estoy viajando en bicicleta. […] Además, si no me lo tomo con calma, no llegaré a Alaska”, asegura convencido de que avanzar rápido empobrece la travesía.
Créditos: David Jin.
Su ritmo lento le ha enseñado más de lo que está consciente. Mirando hacia atrás, el joven ciclista afirma que sus problemas han perdido volumen. No desaparecen, pero siente que se han vuelto manejables. La confianza en sí mismo crece a medida que supera situaciones complejas. En ese sentido, la libertad no es una ausencia de obstáculos, sino la certeza de poder lidiar con ellos.
Hay momentos que Jin atesora con plenitud en su corazón, lejos de cualquier cámara. “Puedo cerrar los ojos y me veo de nuevo en el Salar de Uyuni o en las Ventanas de Tisquizoque. Todos los paisajes que he visitado permanecen en mí. Y eso no me lo va a quitar nadie ni nada”, expresa. Son recuerdos personales que simplemente lo devuelven a distintos momentos.
Salar de Uyuni, Bolivia, conocido como la capital ciclista. Créditos: David Jin.
Ventanas de Tisquizoque, Colombia. Créditos: David Jin.
Si bien la expedición ha sido profundamente introspectiva, también ha estado marcada por una fuerte conexión humana. El viajero ha construido una red afectiva a lo largo del continente: familias que lo acogieron en Bolivia, amistades que surgieron en Colombia y despedidas que dolieron en Costa Rica. “Recuerdo a cada persona que he conocido. Uno se siente tan en casa que dan ganas de quedarse, pero tengo que seguir”, cuenta.
Créditos: David Jin.
En la distancia, su familia en Chile sigue siendo un pilar fundamental. Su madre, quien al principio le asustaba la idea de que su hijo pedaleara solo, hoy lo vive con tranquilidad. Su sobrina de tres años lo llama por videollamada y, donde sea que esté, se detiene -debajo de un árbol, a las orillas de una carretera-. “Para mí, mis relaciones humanas son más importantes que la aventura. Ellos son mi motor. Si pierdo eso, pierdo algo mucho mayor”, confiesa.
Hoy, cuando la meta de Jin se empieza a sentir más cerca -aunque estima que aún le faltan dos o tres años más-, surge una nueva inquietud. “A veces me agobia la idea del futuro después de esta experiencia”, admite. Después de tantos años con un objetivo definido, pensar en su vida posterior a ello es difícil. Aunque permanece con una promesa personal inquebrantable: “Llegaré a Alaska en mi bicicleta, eso lo firmo”.
Créditos: David Jin.
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