Día Mundial del Chimpancé: se cumplen 65 años desde que Jane Goodall transformó la ciencia y nuestra relación con los animales

por Jul 15, 2025Destacados, Portada, Rostros del cambio

Un día como hoy, hace 65 años, una joven británica sin formación científica tradicional llegó a una selva africana. Jane Goodall tenía 26 años, una mente libre de prejuicios y una determinación poco común: quería entender a los chimpancés desde cerca, con paciencia y respeto. Así surgió un nuevo paradigma que no solo cambió la historia de la primatología, sino también la forma de apreciar al mismo ser humano como especie.

Cada 14 de julio se conmemora el Día Mundial del Chimpancé en honor a la llegada de Jane a la selva de Gombe, en Tanzania. Pero más que una efeméride, este día es una invitación a repensar la delgada línea que nos diferencia con los demás animales con los que compartimos este mundo. 

Créditos: Hugo van Lawick.

Créditos: Jane Goodall Institute.

Antes de esta perspectiva, la ciencia dominante solía considerar que fabricar herramientas, sentir emociones complejas y construir relaciones sociales sólidas eran cualidades exclusivamente humanas. Fue David Greybeard, un chimpancé que Jane observó utilizando una rama para extraer termitas, quien desarmó esa idea.

El hallazgo fue apenas el inicio. A lo largo de más de seis décadas de investigación, los chimpancés han demostrado habilidades sociales complejas: se esmeran por fortalecer lazos, juegan, cuidan con ternura a sus crías, se reconcilian tras los conflictos, viven duelos y transmiten conocimientos de generación en generación. No solo se comunican con sonidos y gestos, sino que muestran empatía e incluso enfrentan dilemas emocionales. En pocas palabras, sienten, piensan y se relacionan de un modo más cercano al humano de lo que se estaba dispuesto a aceptar.

Créditos: Hugo van Lawick.

Créditos: Hugo van Lawick.

A inicios del siglo XX, la visión dominante sobre los animales los reducía a seres que se mueven por instintos básicos, sin emociones ni inteligencia. Las observaciones de Jane desafiaron esa mirada desde el terreno, no en laboratorios. Su decisión de dar nombres a los chimpancés en lugar de códigos numéricos, además de su insistencia en que cada uno tenía una personalidad única, fueron pequeñas acciones revolucionarias. En el fondo, significó reconocer la individualidad y dignidad donde antes solo había “objetos de estudio”.

De este modo, ese cambio de paradigma no fue únicamente científico, sino cultural. Por primera vez, el conocimiento comenzó a construirse desde la cercanía, la escucha atenta y la observación empática. La selva de Gombe, hoy un emblema mundial de la conservación, es una evidencia de que conocer a otra especie implica también abrirse a su mundo emocional y social.

Créditos: Hugo van Lawick.

El legado de Jane ha trascendido generaciones, fronteras y disciplinas. Su enfoque ha inspirado a miles de científicas, activistas y educadores a replantearse la relación que mantenemos con los animales y los ecosistemas. Su trabajo dio origen al Jane Goodall Institute (@janegoodallcl), una organización internacional que opera en más de 30 países, combinando ciencia, educación y trabajo comunitario en favor del bienestar del planeta Tierra.

En el centro del espíritu de Jane hay una idea poderosa: no se trata únicamente de proteger a los chimpancés, sino de comprender que estamos interconectados. Cada acto de conservación tiene un gran efecto en los diversos ecosistemas y en nuestra propia mirada de lo que significa convivir con respeto. Por lo mismo, el trabajo del Instituto ha integrado la participación local, especialmente en África, donde las comunidades que habitan cerca de los hábitats naturales son parte esencial de las soluciones de largo plazo.

Créditos: Hugo van Lawick.

Créditos: Jane Goodall Institute.

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